Después de mucho tiempo ausente del blog por diferentes razones, al fin tengo una noticia importante que dar.
El próximo día 23 de mayo, jueves, a las 8 de la tarde (20.00 horas), en el Colegio Santa María de los Rosales (que es mi lugar de trabajo), c/Virgen de los Rosales 1, Aravaca, 28023, Madrid; y organizado por la Asociación de Antiguos Alumnos de dicho colegio, haremos la presentación de la tercera novela de la serie histórica comenzada con "Pelayo, rey", titulada "El muladí"
Hace ya dos años que en ese mismo lugar hicimos la presentación de la segunda novela, "La muralla esmeralda", y aunque "El muladí" se publicó el año pasado, no he querido saturar en demasía a mis lectores ni abusar de la gentileza de la Asociación.
La portada está realizada, como la anterior, por Nacho Luengo, al que le agradecemos enormemente su colaboración.
Espero que todo aquél a quién le interese pueda acudir, ya que la cercanía con sus lectores es la mayor recompensa que puede esperar un escritor.
Hasta entonces.
13 de mayo de 2013
14 de enero de 2013
UNA CUESTIÓN INTERESANTE IV.- Una aclaración necesaria.
Estaba terminando el borrador de mi próxima entrada
manifestando mi propia opinión sobre cómo hubiera evolucionado la Reconquista
si Abderrahmán I ibn Moawia no hubiera conseguido llegar a España, cuando un
amigo me hizo la siguiente pregunta:
“¿Y por qué fue tan importante la llegada de ese personaje?”
Y eso me hizo recapacitar, revisar todas las entradas
anteriores y reconocer que no había hecho hincapié en una cuestión que yo creía
tan obvia y tan conocida por todo el mundo que no me había creído en el deber
de resaltar.
Dejando aparte todas las demás circunstancias que cambiaron
con la llegada de Abderrahmán, la principal sin duda alguna, fue que desde ese
momento Al Andalus, la España musulmana FUE INDEPENDIENTE. Que no se limitó a
ser una provincia más del Califato y que su destino no dependió de lo que
ocurriera en Damasco o en Bagdad, sino única y exclusivamente de los
acontecimientos que afectaran a la Península. Y sus gobernantes, desde ese momento
nacidos en España (Paso por alto los breves períodos de dependencia de los
imperios africanos de Almohades, Almorávides y Benimerines, muy posteriores a
la época que estamos estudiando), fueron teniendo más puntos de contacto,
incluidos los de parentesco (pues sus madres fueron, con frecuencia, cristianas
cautivas) con los reyes cristinos que con los lejanos gobernantes asiáticos.
Y eso contribuyó a crear un estado con características
propias, muy diferente, como puede comprobarse echando un vistazo a la
historia, del resto de países musulmanes existentes a partir de ese momento.
Así que he cambiado el titulo de esta entrada y dejo mis
propias opiniones para la próxima. Espero que quien no conociera este detalle
me perdone por no haberlo citado antes, y los que lo consideren obvio me disculpen
por haber insistido en él
6 de enero de 2013
UNA CUESTIÓN INTERESANTE III.- Lo que pasó en realidad..
Para dar más pistas, y dado que ya ha habido una aportación,
narro brevemente lo que ocurrió tras la llegada del Omeya.
Cuando Abderrahmán I llegó a España, la lucha entre qaysíes
y kelbíes habitual en el Islam seguía latente. Pero con su llegada cambiaron
los bandos. Los “clientes” (los que se sentían obligados por una u otra razón
hacia un determinado personaje o familia) de los Omeyas contra los que seguían
apoyando a Yusuf el Fihirí.
La victoria de Abderrahmán y las consiguientes muertes de
Yusuf y su lugarteniente Samail no aseguraron un reinado tranquilo para Abderrahmán.
Antes, al contrario, durante todo el tiempo de su gobierno tuvo que someter a
los hijos de Yusuf, atrincherados en Toledo y en otras plazas, a los bereberes
que aún mantenían en su poder las serranías, a diferentes linajes kelbíes en
Huelva y a los enviados de los Abbasidas. (Todo esto lo cuento en mi novela aún
no publicada, “LA CRUZ DE LOS ÁNGELES”); por lo que no pudo emprender campañas
contra el reino asturiano. (La efectuada en 759 contra Galicia en la que su
¿hijo? Omar fue derrotado y muerto por Fruela es improbable, aunque la he
recogido en mi citada novela porque se adecuaba bien a la trama de esta)
Y, en el reino asturiano, los tiempos revueltos de los
reinados de Fruela, Aurelio, Silo, Mauregato y Bermudo no tuvieron
trascendencia ante esa impotencia de los musulmanes, quedando todo en un
“impasse” hasta la llegada al poder de Alfonso II, “el casto”
3 de enero de 2013
UNA CUESTIÓN INTERESANTE II.- Situación real.
Aunque había decidido dejar pasar unos días para no influir
en las posibles (y deseadas) aportaciones, voy a hacer un breve esquema sobre
cómo estaba España en esos tiempos para ayudar a los que quieran enviármelas.
(Aunque supongo que los que se decidan a ello ya estarán suficientemente
informados)
En la España sometida al Islam, y dentro de las sempiternas
luchas entre Mahadíes (qaysíes) y Yemeníes (kelbíes), como he relatado en mi
tercera novela EL MULADÍ, el emir Yusuf al Fihrí y su mano derecha Samail
mantienen una frágil hegemonía, siempre puesta en entredicho por diferentes
linajes kelbíes, procurando disimular los recelos existentes entre ambos.
Y en el reino cristiano de Asturias, Alfonso I, aprovechando
esas disputas y, sobre todo, la rebelión de los bereberes, eje central de dicha
novela EL MULADÍ, ha realizado incursiones por la zona comprendida entre la
muralla defensiva del reino Asturiano formada por la cordillera Cantábrica (la
“MURALLA ESMERALDA” que da título a mi segunda novela), y el río Duero, aunque
sin incorporarla definitivamente a sus posesiones, pero creando, si no un
desierto deshabitado, como defiende el maestro Sánchez Albornoz, sí un
territorio lo suficientemente poco poblado como para que dificulte las posibles
invasiones musulmanas, a la vez que aumenta apreciablemente la demografía
asturiana.
Este es el escenario en el año 756, cuando Abderrahmán I
desembarca en Almuñécar. Ahora, dejen volar su imaginación y piensen qué
hubiera sucedido si el Omeya no hubiera llegado a España.
2 de enero de 2013
UNA CUESTIÓN INTERESANTE:
Lo primero: ¡Feliz año a todos! Especialmente a mis fieles
lectores, (Y a los que no son tan fieles, ¡Qué le vamos a hacer!)
En segundo: aunque muy lentamente, mi novela LA ESTIRPE DE
LOS REYES va avanzando. En los días que me queden de vacaciones espero darle un
buen empujón, y
¡Ojalá! antes del
próximo verano pueda, si no terminarla,
por lo menos haber concluido la trama y haber resuelto las posibles
complicaciones que tenga con LA CRUZ DE LOS ÁNGELES (las que surjan con EL
MULADÍ ya no tienen remedio) para poder comenzar a pensar en la publicación de
esa novela, tanto tiempo postergada, y que para mí es una de las más queridas y
la que más tiempo histórico del reino de Asturias abarca, al fin y al cabo, uno
de los objetivos de esta serie.
Y en tercero: la cuestión interesante que anuncio en el
título. Los protagonistas de LA ESTIRPE están concluyendo el complicado año 744.
Ya han fallecido (Por causas naturales u otras, con la complicidad del autor de
la novela o a pesar de él) Hisham Abd al Malik, Walid II ibn Yazid ibn Abd al
Malik, Yazid III ibn Walid ibn Abd al Malik, Ibrahim ibn Walid ibn Abd al Malik
y gobierna el Islam Merwan II. Todo está preparado para que en el año 750 Abú
al Abbas al Safah comience la dinastía Abbasida y se gane su apodo asesinando a
todos los Omeyas. ¿A todos? ¡No! El joven Abderrahmán ibn Moawia se salva
atravesando a nado el Éufrates y llega hasta España (el que quiera conocer
estos hechos con todo el dramatismo que requieren, que lea la novela)
instaurando en ella el emirato independiente, antecesor del califato Cordobés.
Y aquí la pregunta. ¿Cómo hubiera afectado a la historia de
España el hecho de que los arqueros abbasidas hubieran sido más certeros y la
estirpe Omeya (No confundir con la que da título a mi novela, aunque también
tenga parte importante en ella) hubiera concluido en las aguas del Éufrates?
¿Habría sido favorable para los intereses de los reinos cristianos El ya formado de Asturias y
los que posteriormente iban a nacer en León y en Castilla, herederos de aquél,
y los que nacerían por su parte al sur de los Pirineos: Navarra, Aragón y los
condados catalanes?
Espero que los lectores se animen a publicar aquí, en el
blog, sus opiniones. (O en su defecto en mi página de Facebook o en la de mis
novelas). Yo por mi parte, daré a conocer las mías al respecto en una próxima
entrada, pero dentro de unos días, para dar tiempo a que haya más y pueda
establecerse una interesante controversia.
2 de diciembre de 2012
EL FINAL DE LOS OMEYAS
Había prometido contar el trágico final de la dinastía que gobernó el Islam desde el año 661 hasta el 750. Voy a hacerlo intentando cumplir con la obligatoria brevedad de una entrada en un blog, a la vez que procuro ser lo suficientemente extenso como para que la curiosidad de mis lectores quede satisfecha.
En el año 750 el califa Merwan II (744 - 750) es derrocado y muerto, así como casi toda su familia. Únicamente Abderrahmán, hijo de Moawia y nieto del califa Hisham (724 - 743) consigue huir y continuar la dinastía a orillas del Guadalquivir, primero como emirato independiente y después como el esplendoroso califato cordobés. Pero para saber como se llegó a esta situación, tenemos que remontarnos a los inicios del Islam.
A la muerte de Mahoma, su primo y yerno, Alí, se creyó con derecho a sucederle; sin embargo los compañeros del profeta eligieron como califa (“Jalifat Rasul Allah”, sucesor del mensajero de Alá), primero a Abú Bacr, luego a Umar y por último a Uthman, (De la influyente familia Omeya, llamados así por el abuelo de Uthman , Ummaya ibn Abd Shams, a su vez sobrino de Hashim, bisabuelo del profeta, quien da nombre a los hachimies) siempre con la oposición de los seguidores de Alí, los “chiitas” (De” shi’at Alí” los partidarios de Alí). A la muerte de Uthman, al fin es elegido califa Alí, pero el gobernador de Siria, Muawiya, sobrino de Uthman, le acusa de haber inducido al asesinato de su predecesor y se rebela contra él, iniciando una guerra civil. Ambos ejércitos se encuentran frente a frente en Siffin, mas para evitar una lucha cruenta entre parientes, deciden someterse al arbitrio de un neutral, quien se decanta por Muawiya. Antes de esta decisión, una parte importante de los seguidores de Alí se niegan a lo que consideran una componenda y una traición a sus ideales y se retiran, formando desde entonces el grupo de los “jairiyíes”.
Alí, disgustado con la decisión, se retira a Kufa, en Irak, zona en la que sus seguidores son mayoría, pero es asesinado por los “jairiyíes”, que consideraban que había traicionado a sus partidarios. Le sucede como “imán” (o jefe espiritual) de los chiitas su hijo Hasan, y después de él, su hermano menor, Husayn (o Huseín), nieto, por lo tanto, de Mahoma.
A la muerte de Muawiya, Husayn se dirige a Damasco, reclamando el puesto de Califa, pero en Kerbala es interceptado por las tropas de su rival, Yazid, hijo de Muawiya, siendo asesinado cruelmente. Desde entonces y hasta nuestros días, en su aniversario y en su memoria, los chiitas celebran la más importante de sus conmemoraciones (Ashura).
Desde entonces los Omeyas gobiernan sin oposición, aunque tanto chiitas como jairichíes aguardan su momento. Cuando, como hemos visto en la entrada anterior, en el año 744, los hijos y sobrinos de Hisham comienzan a disputarse el poder, los descontentos con los Omeyas ven llegada su oportunidad y, al mando de Abú Muslim se rebelan contra la familia gobernante, ayudados por chiitas y jairiyíes. Cuando Abú Muslim derrota a Merwan, último de los Omeyas, se descubre que actuaba defendiendo los intereses de Abu al Abbas un descendiente de Abbas, tío abuelo de Mahoma (de ahí el nombnre de su familia, los abasidas), quien es proclamado Califa ante el disgusto de chiitas y jairiyíes, que se ven de nuevo postergados. Se gana el apodo de As Safah (el sanguinario) ordenando asesinar a todos los miembros de la familia de los Omeyas, ejecución de la que se salva Abderrahmán ibn Moawia, nieto de Hisham, huyendo a España.
El sucesor de As Saffah, su hermano, recibe el nombre de Al Mansur (el victorioso), aunque tampoco le hubiera ido mal el mismo sobrenombre de su antecesor, pues para asegurarse el trono, ordena asesinar a los miembros de su familia que podían reclamarlo, y al propio Abú Muslim, al que le debían el trono. Así queda constituido el califato abbasida, que traslada su capital a Bagdad.
Y me dirán mis lectores ¿Qué nos importa todo esto a los seguidores de una serie de novelas que narran la historia de la Reconquista hispana? Pues no mucho, en realidad, aunque sirvan para conocer mejor a Abderramán I, quien debido a estos sucesos, en vez de ser un personaje entre muchos de la corte de Damasco, es el fundador del emirato independiente de Al Andalus e interviene decisivamente en la historia de España.
Y también para conocer las disensiones internas del mundo musulmán que duran hasta nuestros días.
En el año 750 el califa Merwan II (744 - 750) es derrocado y muerto, así como casi toda su familia. Únicamente Abderrahmán, hijo de Moawia y nieto del califa Hisham (724 - 743) consigue huir y continuar la dinastía a orillas del Guadalquivir, primero como emirato independiente y después como el esplendoroso califato cordobés. Pero para saber como se llegó a esta situación, tenemos que remontarnos a los inicios del Islam.
A la muerte de Mahoma, su primo y yerno, Alí, se creyó con derecho a sucederle; sin embargo los compañeros del profeta eligieron como califa (“Jalifat Rasul Allah”, sucesor del mensajero de Alá), primero a Abú Bacr, luego a Umar y por último a Uthman, (De la influyente familia Omeya, llamados así por el abuelo de Uthman , Ummaya ibn Abd Shams, a su vez sobrino de Hashim, bisabuelo del profeta, quien da nombre a los hachimies) siempre con la oposición de los seguidores de Alí, los “chiitas” (De” shi’at Alí” los partidarios de Alí). A la muerte de Uthman, al fin es elegido califa Alí, pero el gobernador de Siria, Muawiya, sobrino de Uthman, le acusa de haber inducido al asesinato de su predecesor y se rebela contra él, iniciando una guerra civil. Ambos ejércitos se encuentran frente a frente en Siffin, mas para evitar una lucha cruenta entre parientes, deciden someterse al arbitrio de un neutral, quien se decanta por Muawiya. Antes de esta decisión, una parte importante de los seguidores de Alí se niegan a lo que consideran una componenda y una traición a sus ideales y se retiran, formando desde entonces el grupo de los “jairiyíes”.
Alí, disgustado con la decisión, se retira a Kufa, en Irak, zona en la que sus seguidores son mayoría, pero es asesinado por los “jairiyíes”, que consideraban que había traicionado a sus partidarios. Le sucede como “imán” (o jefe espiritual) de los chiitas su hijo Hasan, y después de él, su hermano menor, Husayn (o Huseín), nieto, por lo tanto, de Mahoma.
A la muerte de Muawiya, Husayn se dirige a Damasco, reclamando el puesto de Califa, pero en Kerbala es interceptado por las tropas de su rival, Yazid, hijo de Muawiya, siendo asesinado cruelmente. Desde entonces y hasta nuestros días, en su aniversario y en su memoria, los chiitas celebran la más importante de sus conmemoraciones (Ashura).
Desde entonces los Omeyas gobiernan sin oposición, aunque tanto chiitas como jairichíes aguardan su momento. Cuando, como hemos visto en la entrada anterior, en el año 744, los hijos y sobrinos de Hisham comienzan a disputarse el poder, los descontentos con los Omeyas ven llegada su oportunidad y, al mando de Abú Muslim se rebelan contra la familia gobernante, ayudados por chiitas y jairiyíes. Cuando Abú Muslim derrota a Merwan, último de los Omeyas, se descubre que actuaba defendiendo los intereses de Abu al Abbas un descendiente de Abbas, tío abuelo de Mahoma (de ahí el nombnre de su familia, los abasidas), quien es proclamado Califa ante el disgusto de chiitas y jairiyíes, que se ven de nuevo postergados. Se gana el apodo de As Safah (el sanguinario) ordenando asesinar a todos los miembros de la familia de los Omeyas, ejecución de la que se salva Abderrahmán ibn Moawia, nieto de Hisham, huyendo a España.
El sucesor de As Saffah, su hermano, recibe el nombre de Al Mansur (el victorioso), aunque tampoco le hubiera ido mal el mismo sobrenombre de su antecesor, pues para asegurarse el trono, ordena asesinar a los miembros de su familia que podían reclamarlo, y al propio Abú Muslim, al que le debían el trono. Así queda constituido el califato abbasida, que traslada su capital a Bagdad.
Y me dirán mis lectores ¿Qué nos importa todo esto a los seguidores de una serie de novelas que narran la historia de la Reconquista hispana? Pues no mucho, en realidad, aunque sirvan para conocer mejor a Abderramán I, quien debido a estos sucesos, en vez de ser un personaje entre muchos de la corte de Damasco, es el fundador del emirato independiente de Al Andalus e interviene decisivamente en la historia de España.
Y también para conocer las disensiones internas del mundo musulmán que duran hasta nuestros días.
26 de noviembre de 2012
COMPLICACIONES EN LA ESTIRPE DE LOS REYES.
He tardado en entrar de nuevo en el blog. Por diversas razones no puedo dedicar a la actividad literaria tanto tiempo como quisiera y tampoco estoy avanzando lo que me gustaría, por lo que no tengo demasiadas cosas que contar.
Como anunciaba en la entrada anterior, he tenido que tomar una decisión, y, con sentimiento de frustración y sin estar seguro de hacer lo correcto, he vuelto a postergar a La Cruz de los Ángeles hasta que haya avanzado lo suficiente en La Estirpe de los Reyes como para comprobar que lo que escriba en esta última no esté en contradicción con lo narrado en aquella.
Pero este avance es tremendamente lento. Ya había avanzado que, escritos ya los capítulos correspondientes a la descendencia de Favila, al menos hasta enlazar con los primeros de “El Muladí”, cuando Alfonso I vuelve a Asturias con las cautivas musulmanas que tanta importancia van a tener en esa novela (Y en la Cruz de los Ángeles), me había centrado en la trama correspondiente a la (imaginaria) descendencia de Rodrigo, con Alarico y su hijo Teodoredo (nieto bastardo y no reconocido del último rey godo) llegando al Imperio Bizantino.
Mi primera idea era que esto ocurriese en el año 743, cuando el legítimo emperador, Constantino, depuesto por su cuñado Artabasdo, luchase para reconquistar su trono, labor en la que el griego Nicéforo y Alarico iban a ser determinantes. (Y así está ya esbozado y escrito). Además, como según estaban establecidas las edades, Teodoredo iba a ser, más o menos, contemporáneo de Abderrahmán I, iba a aprovechar la ocasión para que se conocieran (Pensaba posteriormente hacerles coincidir en España para tener ocasión de narrar la apasionante vida de Abderrahmán con más detalle que lo ya esbozado en El Muladí y en La Cruz de los Ángeles.)y, con esa intención, envié a Alarico como embajador de Constantino a pedir una tregua a los musulmanes en el año 744.
¡Y en qué momento lo hice! Desde hace más de un mes estoy intentando documentarme sobre el califato de Damasco en esa época. Acababa de fallecer Hisham I Abd al Malik, 10º califa de la familia Omeya, y le había sucedido su sobrino Walid II ibn Yazid, que iba a reinar solo unos meses, pues ese mismo año moriría, quizá envenenado, y su primo Yazid III ibn Walid, hijo del primogénito de Abd al Malik, ocuparía su lugar. Aunque también en ese año 744 muere, y le sucede su hermano Ibrahim ibn Walid, pero otro omeya, Merwan ibn Mohamed se subleva defendiendo los derechos de los hijos de Walid II, y cuando, por orden de Ibrahim, son asesinados, Merwan se proclama califa, cargo que ocuparía hasta ser derrocado y muerto por los Abbasidas (Pero esto es otra historia que dejaré para la próxima entrada).
Así que tengo que contar las intrigas de esos años, con unos gobernantes musulmanes con nombres que se prestan a la confusión. (El Hijo de Walid I se llamó Yazid y gobernó como Yazid III; el hijo de Yazid II tuvo el nombre de Walid, y gobernó como Walid II, además, todos conspiraron unos contra otros) No sé cómo hacer para que los lectores puedan entenderlo sin perderse. Realmente, antes tengo que conseguir entenderlo yo para redactar una trama coherente.
Y en eso estamos desde hace más de un mes.
Como anunciaba en la entrada anterior, he tenido que tomar una decisión, y, con sentimiento de frustración y sin estar seguro de hacer lo correcto, he vuelto a postergar a La Cruz de los Ángeles hasta que haya avanzado lo suficiente en La Estirpe de los Reyes como para comprobar que lo que escriba en esta última no esté en contradicción con lo narrado en aquella.
Pero este avance es tremendamente lento. Ya había avanzado que, escritos ya los capítulos correspondientes a la descendencia de Favila, al menos hasta enlazar con los primeros de “El Muladí”, cuando Alfonso I vuelve a Asturias con las cautivas musulmanas que tanta importancia van a tener en esa novela (Y en la Cruz de los Ángeles), me había centrado en la trama correspondiente a la (imaginaria) descendencia de Rodrigo, con Alarico y su hijo Teodoredo (nieto bastardo y no reconocido del último rey godo) llegando al Imperio Bizantino.
Mi primera idea era que esto ocurriese en el año 743, cuando el legítimo emperador, Constantino, depuesto por su cuñado Artabasdo, luchase para reconquistar su trono, labor en la que el griego Nicéforo y Alarico iban a ser determinantes. (Y así está ya esbozado y escrito). Además, como según estaban establecidas las edades, Teodoredo iba a ser, más o menos, contemporáneo de Abderrahmán I, iba a aprovechar la ocasión para que se conocieran (Pensaba posteriormente hacerles coincidir en España para tener ocasión de narrar la apasionante vida de Abderrahmán con más detalle que lo ya esbozado en El Muladí y en La Cruz de los Ángeles.)y, con esa intención, envié a Alarico como embajador de Constantino a pedir una tregua a los musulmanes en el año 744.
¡Y en qué momento lo hice! Desde hace más de un mes estoy intentando documentarme sobre el califato de Damasco en esa época. Acababa de fallecer Hisham I Abd al Malik, 10º califa de la familia Omeya, y le había sucedido su sobrino Walid II ibn Yazid, que iba a reinar solo unos meses, pues ese mismo año moriría, quizá envenenado, y su primo Yazid III ibn Walid, hijo del primogénito de Abd al Malik, ocuparía su lugar. Aunque también en ese año 744 muere, y le sucede su hermano Ibrahim ibn Walid, pero otro omeya, Merwan ibn Mohamed se subleva defendiendo los derechos de los hijos de Walid II, y cuando, por orden de Ibrahim, son asesinados, Merwan se proclama califa, cargo que ocuparía hasta ser derrocado y muerto por los Abbasidas (Pero esto es otra historia que dejaré para la próxima entrada).
Así que tengo que contar las intrigas de esos años, con unos gobernantes musulmanes con nombres que se prestan a la confusión. (El Hijo de Walid I se llamó Yazid y gobernó como Yazid III; el hijo de Yazid II tuvo el nombre de Walid, y gobernó como Walid II, además, todos conspiraron unos contra otros) No sé cómo hacer para que los lectores puedan entenderlo sin perderse. Realmente, antes tengo que conseguir entenderlo yo para redactar una trama coherente.
Y en eso estamos desde hace más de un mes.
10 de octubre de 2012
PROBLEMAS QUE SURJEN AL TRABAJAR EN LA CRUZ DE LOS ÁNGELES
Como
habíamos anunciado, he abandonado temporalmente LA ESTIRPE DE LOS REYES para
centrarme en la corrección ortotipográfica de LA
CRUZ DE LOS ÁNGELES. Y, como de costumbre,
comienzan las complicaciones.
Ya
en el primer capitulo, al describir los primeros años del reinado de Fruela I,
utilizo a unos personajes que tuvieron su importancia en la anterior novela EL
MULADÍ, aunque, en realidad, su primera aparición en mis páginas fue al final
del capítulo 20 de LA MURALLA ESMERALDA
: La musulmana Fátima, que al final de EL MULADÍ llega a ser la concubina del
rey Alfonso I, y su siervo y/o protector, Suleimán ibn Yusuf, que vive entre
los cristianos bajo la falsa identidad de un aparcero llamado Rufino. Como los
capítulos de la trama asturiana de LA ESTIRPE
DE LOS REYES transcurren a la vez que los últimos de EL
MULADÍ y los primeros de LA CRUZ DE LOS
ÁNGELES, hay personajes y situaciones de la estirpe que deberían verse
relacionadas, o, al menos, comentadas, en LA CRUZ
DE LOS ÁNGELES, lo que no es así porque dicha novela lleva ya
escrita más de diez años; mucho antes de que ni siquiera pensase en escribir la
actual.
Como
me urgía seguir con las correcciones, después de una breve revisión, decidí que
la trama de LA ESTIRPE
no influiría demasiado en la de LA
CRUZ y podría mantener el texto original de esta última. Pero
luego la cosa fue cambiando.
Ya
en el capítulo II de LA CRUZ DE LOS
ÁNGELES toma importancia la figura de Abderrahmán I, como rival del rey asturiano
Fruela. (Luego lo sería de sus sucesores, Aurelio, Silo, y Mauregato) Y este
gobernante musulmán, que fue el creador del emirato independiente que, a la postre, se convertiría en el
esplendoroso califato cordobés, tiene una historia importante y novelesca que
siempre había deseado tratar con más intensidad que lo relatado en esas
páginas. No sé si algún día podré relatar la apasionante vida de Abderrahmán
ibn Moawia, único de la familia Omeya que consiguió sobrevivir a la matanza
ordenada por sus rivales, los Abbasidas y que, tras un largo viaje, instauró
dicha dinastía en Al Andalus; pero ya en mi esquema de LA ESTIRPE DE LOS REYES,
Teodoredo, el hijo de Alarico que iba a tomar el protagonismo en los siguientes
capítulos, estaba previsto que se encontrase con Abderrahmán en Siria, cuando
todavía era un miembro de la familia que ostentaba el califato; que compartiese
con él algunas aventuras y que, en fin, le acompañase en su viaje hasta
Hispania; una vez allí ya encontraría la manera (aún no está decidido cómo) de
que pasase a Asturias para entroncar con la parte de la trama correspondiente a
los descendientes de Favila. Naturalmente no sería lógico que esto no se viese
reflejado en los capítulos de LA CRUZ DE LOS
ÁNGELES que tratan de los hechos de Abderrahmán I. Pero como todavía no sé (ni
lo sabré hasta que lo escriba) qué va a pasar entre Teodoredo y Abderrahmán en LA ESTIRPE DE LOS REYES, no puedo
rectificar adecuadamente los capítulos
correspondientes de LA CRUZ DE LOS
ÁNGELES.
Ante
esto tengo dos opciones: Postergar la corrección de LA
CRUZ DE LOS ÁNGELES (y, por tanto, su
edición, algo doloroso para una novela que lleva esperando diez años a ver la
luz, y que considero la más importante de las mías después de PELAYO, REY), o
hacer lo que pensaba y ya he explicado respecto a la trama asturiana; que lo que
escriba en LA ESTIRPE DE
LOS REYES no sea tan importante, históricamente, como para que tuviera que
verse reflejado en LA CRUZ DE LOS
ÁNGELES. (Lo que rebajaría el nivel de aquella novela)
Ambas
opciones me repelen, pero una de las dos tengo que tomar, y dudo, dudo, y dudo.
Si alguno de los lectores del blog tiene alguna sugerencia que hacerme, la agradeceré.
3 de octubre de 2012
ESTADO ACTUAL DE “LA ESTIRPE DE LOS REYES”
Mucho tiempo sin escribir nada por aquí. Como en todos los
principios de curso, hay que dedicar los
minutos y las energías a la dura tarea de conseguir que todo comience a rodar
de nuevo. Ahora que parece que, al fin, las cosas comienzan a estar en marcha,
puedo pensar un poco en mis novelas. Tengo que poner manos a la obra en la
corrección ortotipográfica de “LA CRUZ DE LOS
ÁNGELES”, si es que quiero que se edite este invierno; (Y es el momento de
repetir que, para esa tarea, no estoy especialmente bien dotado) así que habrá
que postergar un tiempo el trabajo en “LA ESTIRPE
DE LOS REYES”. Pero como había anunciado que iba a tener a
mis lectores al tanto de la evolución de dicha novela, voy a contar en que
estado está en este momento en que va a “pasar a la reserva”, y en entradas
posteriores aprovecharé mi trabajo con “LA CRUZ
DE LOS ÁNGELES” para ir contando también algo de esa novela,
escrita en segundo lugar, hace ya más de diez años.
Vayamos, pues, con “LA ESTIRPE …”. Como habíamos dicho, se trata de un
intento (puramente novelesco e imaginario) de entroncar los descendientes de
don Rodrigo y de don Pelayo con la dinastía asturleonesa originada en Bermudo
I, “el diácono” (paradojas de la historia), nieto, a lo que parece, de Pedro,
duque visigodo de Cantabria.
En un principio (Y no es seguro que, al final, se mantenga
así) existirán dos tramas en capítulos alternos.
En la primera, Alarico, que como recordarán los que hayan
leído “LA MURALLA ESMERALDA ”,
abandona todo para ir en busca de su amada Florinda (hija imaginaria del rey
Rodrigo y de Florinda, “la cava”), y que, como se desvela brevemente en “EL
MULADÍ”, se ha quedado viudo y continúa viviendo en Ceuta con su hijo
Teodoredo, tras ser testigo de la llegada a esa ciudad de las tropas de Balch
(narrada más extensamente en la novela citada) y de verse inmerso en las luchas
entre árabes y bereberes (que forman la parte principal de la misma), se
encuentra con Nicéforo (el capitán de una veloz galera bizantina, que ya había
compartido aventuras con él en dicha novela) y se embarca rumbo a
Constantinopla, dispuesto a tomar parte en las guerras e intrigas que tienen lugar en el Imperio Bizantino tras
la muerte de León III. Y hasta aquí hemos llegado. Bien el propio Alarico, bien
su hijo Teodoredo, ya de mayor, tendrán que volver a la península para cumplir
su destino (el que yo les he fijado); pero de momento lo tienen bastante
complicado, y tendrán que pasar varios años (y capítulos) para que lo consigan.
En la segunda, que tendrá lugar en Asturias, tras la muerte,
en una cacería y debido a una imprudencia ya relatada en “EL MULADÍ”, del hijo
de Pelayo, Favila, el trono recaerá en el esposo de su hija Hermesinda, Alfonso
de Cantabria, hijo del duque Pedro y descendiente, según las leyendas, y, al
igual que don Pelayo, del rey godo Chindasvinto. (aunque esto lo afirmaron los
cronistas muchos años después).
Pero Favila ha dejado viuda e hija, que, en bien de la
estabilidad del reino, deberán ser apartadas de la vida de la corte (en
realidad no se vuelve a saber de ellas en documentos de cierta veracidad), pero
que para que la trama de la novela se haga realidad y la estirpe de Pelayo no
se acabe con Alfonso II, “el casto”, tendrán que reaparecer en algún momento.
Momento al que aún no he llegado, aunque la novela discurre en estos momentos
por tiempos ya narrados en “El MULADÍ”, pero que ahora se describen desde el
punto de vista de otros protagonistas; mientras se espera la llegada de algún
personaje desconocido (las leyendas hablan de un cierto Luitfred III de
Suevonia, ciertamente imaginario) que hará su aparición en próximos capítulos.
Hasta aquí lo escrito. Ambas tramas se encontrarán (o no)
hacia el final de la novela, salvo que decida convertirla en dos separadas,
aunque con algunos puntos de contacto.
30 de agosto de 2012
CRONOLOGÍA DE LAS PRIMERAS NOVELAS
Antes de
explicar un poco de qué va la novela en la que estoy trabajando en estos
momentos (LA ESTIRPE DE
LOS REYES), vamos a fijar las fechas en que ocurren los hechos que relato en
mis primeras novelas, para que los lectores no se pierdan demasiado.
La primera:
PELAYO, REY, comienza en el año 700 (aproximadamente), con un Pelayo
adolescente, hijo del conde de Lucus Asturum, que recibe la noticia de la
muerte de su padre a manos de Witiza, duque de Gallaecia e hijo y heredero del
rey Egica. La novela sigue la vida de Pelayo, como fugitivo primero, como
espatario de su pariente, el rey Rodrigo, después, y como caudillo de la
rebelión contra los musulmanes, hasta su proclamación como primer rey de
Asturias, en el año 722.
La segunda,
LA MURALLA ESMERALDA ,
comienza unos años después de dicho 722, y narra la vida en Asturias (de la que
nada nos dicen las crónicas) durante la madurez de Pelayo y la adolescencia de
sus hijos, Favila y Hermesinda, los del duque de Cantabria, Alfonso y Fruela y
otros jóvenes nobles que, bajo la tutela del héroe, se preparan para, cuando
llegue su momento, tomar su lugar. Hay otra trama con algunos de estos
protagonistas viajando por las tierras dominadas por los musulmanes, lo que se
aprovecha para narrar las luchas internas de estos, de las que hay abundante
documentación en las crónicas árabes. Ambas tramas coinciden en un final al que
se llega con la muerte de Pelayo, en el año 737
La tercera,
EL MULADÍ, comienza con la muerte de Favila en el año 739 (Hay un hueco de dos
años, los del reinado de Favila, que quizá rellene algún día), y, aunque la
trama principal es la que narra la vida de un joven Muladí, aprovechando la
gran cantidad de datos que hay en las crónicas árabes sobre las luchas de sus
diferentes tribus entre sí, y las de ellos con los bereberes, que ocupan los
períodos de gobierno de Ocba, Abd al Malic, Balch, Thalaaba, AbúlKhattar, Towaba y Yusuf. También
hay otra trama que transcurre en el reino de Asturias durante el reinado de
Alfonso I. Como en la novela anterior, ambas tramas se juntan en el fin de la
historia, en el 755, dos años antes de la muerte de Alfonso I, en 757.
La cuarta, LA
CRUZ DE LOS ÁNGELES, comienza en 757, primeros años del reinado de Fruela I. En la primera
parte se narra la agitada vida de este rey. En la segunda la de sus sucesores
Aurelio, Silo, Mauregato, y Bermudo I. Y en la tercera se describe una parte
del largo reinado de Alfonso II, con la creación de la joya que le da título, hasta
la última aceifa importante de los musulmanes, con la batalla del río Orón, que
dio origen a la leyenda de la de Clavijo, en al año 812. A la vez se dan
noticias sobre lo que ocurre en los territorios musulmanes, durante el gobierno
de Abderrahmán I, Hixem I, y parte del de Al Hakam I.
Y ahora
comienzan las complicaciones: La quinta (quizá), la citada LA ESTIRPE DE LOS REYES, comenzará
en Ceuta, en el año 736 (antes de la muerte de Pelayo y del fin de LA MURALLA ESMERALDA ,
con una breve referencia a esta última), seguirá con una trama en Ceuta,
primero, durante la dominación de Balch, en el Imperio Bizantino, bajo
Constantino V, y en Al Andalus con Abderrahmán I, todo esto coincidiendo en el
tiempo (y en algunas referencias) con EL MULADI y el principio de LA
CRUZ DE LOS ÁNGELES. Habrá otra trama en
Asturias, con la muerte de Favila y el reinado de Alfonso I, coincidiendo en
tiempo y en bastantes escenarios y personajes con EL MULADÍ. Y luego, quizá
(pues aún la estoy desarrollando), ambas tramas se juntarán en Asturias y
continuarán durante el reinado de Fruela I, Aurelio, Silo, Mauregato y Bermudo
I. Incluso hay una posibilidad de que se prolongue (bien como una sola novela,
o como dos separadas, aunque interrelacionadas) hasta los últimos años de
Alfonso II (desde el 812, en que termina LA CRUZ
DE LOS ÁNGELES, hasta el 842, que comienza el de Ramiro I,
época esta que no he relatado en la posible sexta novela, ya escrita LA
CRUZ DE VICTORIA que comienza en dicho 842). ¿En qué lugar de la saga la
colocaré? Para decidirlo, primero tendré que acabarla. ¿O sería mejor al revés?
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