21 de junio de 2012

El Muladi 5.- Erratas.


Cuando un libro pasa definitivamente, de la mente del autor, a estar a disposición de los lectores como páginas escritas, siempre hay algo que, en la edición impresa, no se corresponde con lo que el autor tenía, bien en su mente, bien en los primeros borradores, bien en el entregado al editor, bien en los definitivos revisados por los correctores, o bien en las galeradas proporcionadas por la imprenta. Estas erratas, abundantes e inevitables, suelen atribuirse a los famosos “duendes de imprenta”. En mi primera novela, “Pelayo, rey” hay algunas de menor importancia (ortográficas o tipográficas, de las que no soy responsable) y otra referente al texto, de la que tampoco me considero culpable, pues no estaba en el borrador entregado, pero que, después de tres ediciones, no he conseguido subsanar. Curiosamente, aunque ya he dado alguna pista en este blog, hasta ahora no ha sido encontrada por ningún lector (o, al menos, no tengo conocimiento de ello)



Las dos siguientes novelas, “La muralla esmeralda” y “El Muladí” también adolecen de una errata de texto cada una, y de esas vamos a hablar. Son responsabilidad únicamente mía (aunque las ortográficas de ambas e, incluso, las tipográficas que pueda haber en “El Muladí” también se me pueden atribuir, porque me encargué personalmente d ela corrección de ambas, tarea para la que no estoy, en absoluto, preparado.)



En” La Muralla esmeralda”, el sacerdote Isidoro recibe, en dos ocasiones, el nombre de Ildefonso. Así lo había llamado en el primer borrador, pero luego, al comprobar que ese nombre era, en realidad y en esa época, el mismo que el de “Alfonso”, monarca protagonista de ambas, decidí cambiarlo. Esas dos ocasiones citadas se escaparon incomprensiblemente al programa de ordenador que lo cambiaba, pero en este caso sí que fueron advertidas por una de mis lectoras.



En “El Muladí”, que es el libro que nos ocupa, me inventé un hermano del emir Ocba ibn Haddjjad, que iba a ser el patrón de Abdul, el muladí protagonista de la historia. Esta novela fue la tercera que escribí, después de “Pelayo, rey” y “La Cruz de los Ángeles”, y estaba pendiente de su publicación; cuando escribí “La Muralla esmeralda”, en sus últimas páginas aparecían algunos de los personajes de “El Muladí” y me di cuenta de que el nombre escogido para este jeque árabe no me gustaba, así que lo cambié por el de “Mohallabad”. Pero “Mohallabad” ya lo había usado para un caudillo bereber, al que tuve que rebautizar “Abdallah”; Entre tanto cambio y tanto nombre, uno se me escapó y hay una errata, pero no digo donde para que si alguien se aburre leyéndola, al menos tenga la curiosidad de encontrarla.


19 de junio de 2012

El Muladi 4.- Complicaciones

Nos habíamos quedado en que mi novela trataría de las aventuras de un muladí inventado, que transcurrirían durante el reinado de Alfonso I (Y los emires cordobeses contemporáneos), con una trama que tendría lugar en los territorios dominados por los musulmanes (para poder incluir la gran cantidad de información existente sobre esos territorios en esos años) y otra trama en Asturias, incluyendo algunos de los personajes que ya habían aparecido (aunque mis lectores no los conocieran aún) en La Cruz de los Ángeles), para dar continuidad a la novela como parte de la saga.




No fue difícil esbozar ambas tramas, aunque pronto surgieron complicaciones, debidas a que “La Cruz de los Ángeles” ya estaba escrita y “El Muladí” aún no.



La principal fue una circunstancia (No puedo decirla sin revelar la trama) que, sin ninguna justificación histórica, condicionaba gran parte de lo narrado en La Cruz de los Ángeles” y que tenía que tener su correspondencia en “El Muladí”, pero sin que los lectores se diesen cuenta de ello, pues era un secreto. Creo que lo conseguí bastante bien.



Otra, y no menos importante, aunque me diese cuenta mucho después, se refería a las edades de los protagonistas, concretamente del conde Rodulfo. Cuando escribí “La Cruz de los Ángeles” ya había entregado “Pelayo, rey” a la editorial, con lo cual no me preocupaba de ella. Así que al esbozar la trama de “El muladí” y pensar en utilizar a ese personaje, me fijé en que, en “La Cruz de los Ángeles” hacía que fuera el padre, ya fallecido, del rey Silo (Casi nada se sabe de ese monarca, así que podía inventarme lo que quisiera) y le imaginé (y así le describí en las primeras páginas del borrador de “El Muladí”) como un hombre ya maduro, en contraposición a los más jóvenes Alfonso I y Fruela “el Mayor”; y así encajó muy bien en la trama. Pero cuando escribí la “Muralla esmeralda”, cuyos hechos ocurrían antes que los de “El Muladí”, ya escrita pero aún no publicada, repasé “Pelayo, rey” y me di cuenta de que, mientras los hijos de Pelayo, Favila y Hermesinda, y los ya citados Alfonso I y Fruela, aparecían en sus últimas páginas, aunque aún muy pequeños, no se nombraba a los de Julián: Rodulfo e Isidoro; posiblemente porque aún, (en el desarrollo imaginario de la trama, pues son personajes de ficción) no hubieran nacido; aunque no lo decía expresamente lo que me permitía recurrir a diferentes interpretaciones.



Como mi concepto de “La Muralla esmeralda” era la de contar las aventuras de un grupo de jóvenes que, bajo la tutela de Pelayo, van preparándose para asumir sus responsabilidades, con hacer a Rodulfo e Isidoro un par de años menores que los otros arreglaba el tema; pero eso era incompatible con lo descrito en “El Muladí”. Decidí, pues, publicar “La Muralla esmeralda” como había pensado y cambiar algo “El Muladí” que aún no se iba a editar. Y con unas pequeñas correcciones del tipo de: “… con una sensatez impropia de sus años…” en vez de “… con la sensatez que correspondía a su avanzada edad…” que era la redacción original, y otras por el estilo, creí salir del paso airosamente. Una vez publicado “El Muladí” y leyéndolo atentamente (¡Qué diferente es leer unas páginas de papel impreso que la pantalla de un ordenador!) me di cuenta de que hay ciertos pasajes en que, aunque no se diga expresamente, la impresión es que algo no encaja. ¿Se darán cuenta mis lectores?



También hay otra complicación relativa al segundo hijo de Julián, hermano, por tanto, de Rodulfo: Isidoro. La primera vez que aparece en mis páginas fue en “La Cruz de los Ángeles”, novela en la que aparecía como un sacerdote, tío de Silo y confesor del rey (lo que le hacía conocedor de ciertas cosas que iban a tener importancia posterior). Al escribir “El Muladí” tuve que utilizarlo. Pero cuando, tiempo después, me puse con “La Muralla esmeralda”, me pareció un personaje interesante, describí su vocación religiosa y, siguiendo el curso natural de los acontecimientos, le hice obispo. ¡Pero en los dos libros posteriores sigue siendo un simple sacerdote! Lo de “El Muladí” no tiene arreglo, aunque no sé si algún lector se dará cuenta; pero intentaré cambiar lo imprescindible de “La Cruz de los Ángeles” antes de su publicación. (Previsiblemente, el próximo otoño)



Respecto a este personaje hay otra circunstancia, pero como entra mejor en la categoría de errata, de la que hablaremos en la próxima entrada, lo dejamos para entonces.

12 de junio de 2012

El Muladí 3.- Creación de la Novela.

Para hablar de cómo se llegó a gestar esta novela, tenemos que repasar brevemente los antecedentes.




Después de escribir “Pelayo, rey” (Por entonces pensaba titularla “La Cruz de la Victoria”), que, en un principio, iba a ser una única novela, decidí convertirla en una trilogía con tres historias que tuviesen como excusa una joya del Tesoro de la Catedral de Oviedo: La citada Cruz de la Victoria, la Cruz de los Ángeles y La Caja de las Ágatas.



Una vez concluída La Cruz de los Ángeles, que transcurre durante los reinados de Fruela I (en su 1ª parte); Aurelio, Silo, Mauregato y Bermudo I (en la 2ª); y Alfonso II (en la tercera, cuando es fabricada la joya que le da nombre), y sin conseguir avanzar mucho en la siguiente, “La caja de las Ágatas”, decidí, en honor de mis amigos de la localidad en la que paso mis vacaciones, Torre del Mar, Vélez-Málaga, Málaga, lugar en el que, como en toda Andalucía, los siglos de dominación musulmana dejaron una honda huella en cultura, costumbres, topónimos, etc., escribir un nuevo libro en el que el protagonista fuese un habitante de esa Hispania dominada por los árabes, en realidad, la mayor parte de la población de la península, y aún más, de los que hubiesen adoptado (él o sus padres) la religión de los nuevos señores: un “muwallad”



Aquí llega la primera duda. Hacer una novela independiente y mantener aparte la trilogía citada, o unirla a la serie. Como estaba atascado con la “Caja de las Ágatas” e incluso dudaba en si sería capaz de terminarla, y el editor quería cambiar el título de “La Cruz de la Victoria” por el de “Pelayo, rey” (a su juicio, más comercial, en lo que, posiblemente, tendría razón), renuncié aq la trilogía y decidí hacer una saga en la que se fueran alternando novelas en las que la acción transcurriera, principalmente en Asturias, con otras, complementarias, en las que narrase aventuras sucedidas en la España dominada por los musulmanes)



Segunda duda: ¿Mi protagonistas sería un personaje real, cómo había sido Pelayo y sus sucesores, o uno imaginario? No faltaban muladíes con historias lo suficientemente interesantes como para ser protagonistas de la novela, y muchos han pasado, con mayor o menor importancia, por mis páginas (Musa ibn Musa o cualquiera de sus descendientes, los Banu-Qasi; Ibn Hafsun, el rebelde de Bobastro; ibn Merwan, el gallego; etc.), pero había decidido que la novela formaría parte de la serie, y ya tenía escrita una sobre los sucesores de Pelayo, a excepción de su hijo Favila y su yerno Alfonso I. Así que la novela desarrollaría su trama durante el reinado de estos y, al no haber en esos años un personaje real, dentro del grupo de los muladíes, que mereciese los galones de protagonista, me decidí por uno imaginario. Eso me permitía inventarme lo que quisiera, pero me privaba de la base histórica que daba apariencia de realidad a mis novelas. ¿Saldría bien el cambio? Mis lectores tienen la palabra.



7 de junio de 2012

El Muladí 2

Una vez comunicada su publicación, vamos a hablar durante unas pocas entradas de esta tercera novela.




En la serie de los reyes asturianos, ocupa el tercer lugar, a continuación de Pelayo, rey y de La Muralla Esmeralda. Cuando acabemos con El Muladí volveremos sobre las dos anteriores.



Marco temporal. Los hechos ocurren en el reinado de Alfonso I (Excepto el prólogo, que lo hace cuando el rey era aún Favila) Por lo tanto comienza en el año 739 y finaliza con la llegada de Abderrahmán a España, hacia el 756.



Marco geográfico. Las aventuras de los protagonistas tienen por escenario la España dominada por los musulmanes, la provincia árabe de Ifriquiya y, cómo no, el reino de Asturias.



Marco político: En cuanto al reino asturiano, casi todo el reinado de Alfonso I (739-757). Y por parte musulmana, los emiratos cordobeses de Ocba ibn Haddjjad, Abdelmelic ibn Qatán, Balch ibn Bisr, Thaalaba ibn Salaama, Abu-l-Khattar, Toawa ibn Salama el chodani, y Yusuf el Fihhrí (Aunque durante los dos últimos, el auténtico gobernanteb en la sombra fue Samail ibn Hathim, “Abú Djauchan”.



Trama: (Lo que se puede contar sin desvelar los interrogantes).

El protagonista, Abdul ibn Tudmir, (personaje de ficción) un joven muladí (Hispano convertido – él o sus padres – al Islam) Tiene que abandonar a su amada, una cristiana llamada Jimena, y partir con sus señores a combatir la insurrección bereber que, por esas fechas, tiene lugar en el norte de África. La historia sigue fielmente todos los acontecimientos que estremecen a la España musulmana mientras el protagonista se convierte en consejero de los gobernantes islámicos, aunque sin abandonar la idea de volver a reunirse con su amada, a pesar de que sus intentos siempre acaban en fracasos.

Por otro lado, al ser una novela de la serie sobre los reyes asturianos, otra trama paralela cuenta lo que ocurre durante esos años en la tierra asturiana (con mucha mayor dosis de invención, pues hay muchos menos datos sobre ello) y toman protagonismo los jóvenes que ya vimos en “La Muralla esmeralda”, aunque ya convertidos en adultos: Alfonso I, su hermano Fruela, Hermesinda, la hija de Pelayo casada con Alfonso I, Rodulfo, conde de Gauzón (personaje de ficción), su hermano Isidoro… Y otros personajes que aparecieron como intrascendentes en “La muralla esmeralda” tomarán aquí protagonismo y lo confirmarán en la próxima novela, ya escrita, aunque aún no publicada, La Cruz de los Ángeles.

Por supuesto, ambas tramas, en algún momento, están conectadas para que la novela forme una aventura completa.

Que les guste.

4 de junio de 2012

Publicación El Muladí.

Éste es el motivo por el que hemos interrumpido la serie de entradas sobre las calles con nombre de reyes asturianos. EL MULADÍ, la tercera novela de la serie, ya está publicada y a disposición de quien la quiera. Al igual que la anterior, LA MURALLA ESMERALDA, la edita SAPERE AUDE ( info@editorialsapereaude.com ) y a esta dirección se pueden pedir, tanto en edición en papel como en descarga digital.




Como este año no he considerado pertinente hacer una presentación de la novela (no conviene abusar), no dispongo de un gran número de ejemplares de la misma, pero sí tengo algunos (pocos) por si a alguien le resulta más cómodo pedírmelos a mí que encargarlos a la editorial.



EL MULADÍ es una novela en sí misma, con comienzo y final de sus romances y aventuras (ya iremos hablando de ella más extensamente en próximas entradas), por lo que puede leerse independientemente del resto de la serie, aunque algunos de los personajes (históricos o inventados) que aparecen en sus páginas ya lo hicieron en LA MURALLA ESMERALDA y otros aparecerán en la siguiente, LA CRUZ DE LOS ÁNGELES.



De momento, nada más que esta noticia. Espero que sea del agrado de mis lectores.


aude

31 de mayo de 2012

CALLES DEDICADAS A MIS PROTAGONISTAS VII.- Alfonso II “El casto”

Vamos a concluir esta serie, al menos en lo que respecta a las cuatro primeras novelas, con el que es el protagonista de la tercera y última parte del 4º libro. (Luego haremos una pausa hablando de otros temas de actualidad, y, posteriormente, retomaremos la serie con las siguientes novelas, aún no publicadas y, algunas, aún no escritas)




Alfonso II era hijo del rey Fruela I y de la vascona Munia. La prematura y trágica muerte de este monarca hace que quede al cuidado de su tía Adosinda durante el reinado de Aurelio. Al acceder al trono Silo, marido de Adosinda, traslada la corte a Pravia y allí el joven Alfonso realiza las funciones de “mayordomo de palacio” (cargo equivalente a una especie de primer ministro, sin las connotaciones de servicio que tiene actualmente), preparándose para acceder al trono cuando le corresponda (Silo y Adosinda no tenían hijos), pero Silo fallece cuando Alfonso aún no es lo suficientemente maduro, y es apartado del poder por el bastardo de Alfonso I, Mauregato, su tío (en realidad, su “tiastro”). Adosinda es obligada a profesar en un convento y Alfonso encuentra refugio entre los parientes de su madre, en Álava.



Después de Mauregato ocupa el trono Bermudo I, “el diácono”, hermano de Aurelio y primo, por tanto, de Fruela I, Adosinda y Mauregato. Aunque no ambiciona el trono, sus partidarios le sacan del monasterio en que se encontraba y le encasquetan la corona. Pero después de una derrota ante los musulmanes, comprende que no está llamado a esa tarea, “recuerda” que estaba ordenado (así nos lo cuentan los cronistas) y decide abdicar y ofrecer el trono a Alfonso. (Aunque ese recuerdo no debió ser muy constante, pues un hijo suyo, Ramiro, sucede en el trono asturiano a Alfonso II)



Alfonso II “el casto” (y las razones para ese sobrenombre y para que sus tíos Silo y Adosinda no tengan descendencia explicadas en mi novela “La Cruz de los Ángeles” no tienen ninguna base histórica y pertenecen solamente a mi imaginación), fue uno de los reyes asturianos más importantes, trasladó la corte a Oviedo y la transformó en una hermosa ciudad, y fortaleció Asturias lo suficiente para que fuese capaz de luchar, en un plano de igualdad, con el emirato cordobés.



En Madrid Alfonso II no tiene ninguna calle, ni en Gijón ni en Cangas de Onís (¿Será cierto o error del google? Es una lástima, aunque quizá algún lector quiera hacer alguna aportación subsanando los posibles errores y/u omisiones)



Y en Oviedo, ¡Cómo no!, la ciudad que debe su status de capital a este monarca, “el casto” tiene dedicada la plaza a la que se asoma la catedral que él mismo ordenó construir. (Bueno, no la actual, sino una anterior de la que solo quedan algunos vestigios, como la capilla que acoge, entre otras joyas, la que da título a la novela en que todo esto se narra)



Como dije al principio, haremos una pausa en el estudio de las calles, para dedicarnos a temas/noticias más actuales y literarios. Y así daremos tiempo para que algún lector, más decidido que el resto, se anime a hacer algún comentario.



Hasta la próxima.



30 de mayo de 2012

CALLES DEDICADAS A MIS PROTAGONISTAS VI.- Aurelio, Bermudo, Mauregato


Siguiendo con la cuarta de mis novelas, “La Cruz de los Ángeles”, el protagonista casi total de su primera parte fue Fruela I (”El rey enamorado”, así lo califico evitando los juicios de los historiadores como “el cruel” o “el justiciero”, porque para la novela tiene más importancia su amor por la cautiva vascona, Munia, para la que creó un nido de amor en la futura ciudad de Oviedo ­ Sí, ya sé que el origen de Oviedo es la fundación de un monasterio por parte de Máximo y Fromistano, pero si Fruela no hubiera llevado allí a Munia y allí hubiese nacido su hijo Alfonso, no creo que éste, al convertirse en Alfonso II, “el casto”, tuviera motivos para convertirla en la capital de su reino.)

Ya hemos visto en la entrada anterior las calles dedicadas a este monarca, a su esposa Adosinda y a su cuñado Silo. Pasemos ahora  a su sucesor, el 5º rey de Asturias, su primo Aurelio, hijo de otro Fruela (“el mayor”), hermano de Alfonso I.



En Madrid no encontramos ninguna calle dedicada a este monarca que, por otro lado, no tuvo especial significación en la historia.



Tampoco la hay en Oviedo, pero como sí existe en Asturias un concejo llamado San Martín del Rey Aurelio, en uno de los barrios de la capital asturiana, que tiene sus calles dedicadas a diferente concejos, encontramos una con este nombre de éste; nombre debido a que Aurelio, durante su reinado trasladó la corte a este lugar. (Hecho, por cierto, que no recojo en mis novelas dado que, en su momento, no le dí importancia, aunque como todavía no está publicada, quizá aún esté a tiempo de cambiarlo)



En Gijón no encontramos ninguna calle con este nombre, pero en Cangas de Onís sí, muy cera de la dedicada a Fruela, su antecesor. (Lo que indica que, quizá, no fuera cierto que Aurelio trasladase su corte al concejo de San Martin, pues los otros monarcas que se alejaron de Cangas de Onís (Silo y Adosinda, en Pravia) no están recordados en esta villa.



A Aurelio le sucedió Silo (gracias a su matrimonio con Adosinda, la hija de Alfonso I), pero en la entrada anterior ya hablamos de estos soberanos, así que pasaremos al 7º rey asturiano, Mauregato.



Mauregato fue un bastardo de Alfonso I, posiblemente con una cautiva musulmana. Y las leyendas le hacen vil y traidor, atribuyéndole (con toda probabilidad, falsamente) el denigrante tributo de las cien doncellas, que, aunque no sea cierto, es tan novelesco que lo he incluído en mis libros. A la muerte de Silo, su viuda Adosinda hace proclamar rey a su sobrino Alfonso, el hijo de Fruela,  al que había criado; pero Mauregato no lo acepta, toma el poder mientras el joven Alfonso se refugia con sus parientes alaveses y “recomienda” a Adosinda profesar en un convento. Naturalmente, no debe haber calles dedicadas a este personaje. ¿Eso cremos? Pues no. O no fue tan vil como dicen las leyendas, o el callejero es más morboso de lo aconsejable, porque en Madrid, saliendo del paseo de Extremadura (muy cerca de la dedicada a su hermanastro Fruela) hay una calle dedicada a este rey.



Aunque en Asturias si deben de haber hecho caso a las leyendas, porque ni en Oviedo, ni en Gijón ni en Cangas le recuerdan en su callejero.



A la muerte de Mauregato le sucede el hermano menor de Aurelio, Bermudo I, 8º rey asturiano. Éste estaba en un convento, como diácono, o a punto de serlo; pero los enemigos de Fruela, deseosos de apartar del trono a su hijo Alfonso, buscan al único miembro de esa familia con vida y le convencen para que acepte el trono.



Bermudo I “el diácono”, fue un rey breve, que no tiene calles dedicada a él en Madrid, pero sí en Oviedo, subiendo hacia el Naranco, (contigua a la dedicada a Alfonso I, “el católico” de la que ya hablamos).



Tampoco la tiene en Gijón ni en Cangas, aunque fue el último d elos onarcas asturianos que tuvo su corte en esta villa.

29 de mayo de 2012

CALLES DEDICADAS A MIS PROTAGONISTAS V.- Fruela I, Adosinda, Silo.


Una vez vistas las calles dedicadas a Alfonso I y Hermesinda, protagonistas de la segunda novela, La Muralla Esmeralda, y de la 3ª, El Muladí, pasaremos a los hijos de éstos, Fruela, Vimara, y Adosinda, que intervienen en la 4ª, La Cruz de los Ángeles, que, previsiblemente, se editará en el próximo otoño.



Fruela I, llamado por algunos historiadores “el cruel” y por otros “el justiciero”, fue el 4º rey de Astuiras, sucediendo a su padre, Alfonso I.



En Madrid, entre la avenida de Portugal y el paseo de Extremadura nos encontramos con una pequeña calle dedicada a Fruela. Como no tiene ordinal, supondremos que se trata de este monarca, aunque también podría tratarse de su tío del mismo nombre, que, aunque no fue rey, emprendió múltiples campañas al lado de su hermano Alfonso, lo que también confundió a los cronistas musulmanes de la época; o del último rey de Asturias, Fruela II, “el leproso”, que, previsiblemente, aparecerá en la última novela de esta serie, aún no escrita.



En Oviedo, la prolongación de la calle Uría, desde el Campo de San Francisco hacia el centro antiguo, se llama calle Fruela; en este caso no cabe duda de que se trate de dicho Fruela I, pues a éste monarca se debe la fundación de la ciudad de Oviedo, como se cuenta en la citada 4ª novela, “La Cruz de los Ángeles”



En Gijón no encontramos alguna calle dedicada a este monarca, y en Cangas de Onís, según se entra en la ciudad desde el sur por la carretera de Castilla, tenemos la calle del rey Fruela. Y no es extraño, pues Fruela reinó en Cangas de Onís, y en esta villa mató a su hermano Vimara y fue a su vez asesinado por los nobles partidarios de éste. Quien quiera saber cómo, lo tiene fácil, si, cuando se edite, consigue dicha novela “La Cruz de los Angeles”, en la que se narra todo lo relativo a este rey. (Aunque no deja de ser una ficción, inventada por el autor, novelando lo que de ese hecho cuentan las crónicas.)



Su hermana, Adosinda, tanbién es un personaje histórico, pues por su matrimonio, su esposo, Silo, pasó a ser el 6º rey Asturiano; aunque aquí también caben dudas sobre si los callejeros se refieren a ella (lo más probable), o a su tía abuela del mismo nombre, hija de Pelayo y de Gaudiosa.



En Madrid Adosinda y Silo no disfrutan de ninguna calle.



En Oviedo tampoco, aunque el Google nos indica una calle del rey Silo en Avilés. Y, por supuesto, otras en Pravia, con los pomposos nombres de calle del rey don Silo y de calle de la reina Adosinda. Y así debe ser, pues estos monarcas trasladaron la corte de Cangas de Onís a Pravia. Y en el monasterio de Santianes, cerca de allí, profesó la reina después de la muerte de su marido (¿Voluntariamente u obligada?; la respuesta, ya lo saben, en “La Cruz de los Ángeles”)



En Gijón y como continuación de la calle de Alfonso I, está la calle de Adosinda, como ya dijimos en la entrada dedicada al monarca padre de nuestra protagonista. Aunque no hay rastros de su marido.



Y en Cangas de Onís también se han olvidado de estos monarcas, quizá en castigo por haberse llevado la corte lejos de allí.

23 de mayo de 2012

CALLES DEDICADAS A MIS PROTAGONISTAS IV.- Alfonso I, Hermesinda, .


Una vez comprobado que los principales (no todos, que de eso hablaremos en una próxima entrada) protagonistas de la primera de mis novelas, “Pelayo, rey”, tienen calles dedicadas en Madrid, Oviedo, Gijón o Cangas de Onís (lugares a los que he restringido mi búsqueda), pasaremos a hacer lo mismo con la que le sigue: “La Muralla esmeralda”



Al ser esta segunda novela (como sabrán los que hayan leído asiduamente este blog) una continuación de la primera, a petición de Imágica ediciones, pero que al no interesarles ha sido publicada por Sapere Aude, los protagonistas son los mismos de “Pelayo, rey”, aunque como ha pasado el tiempo, algunos que eran niños entonces ya tienen edad de vivir sus propias aventuras y, por tanto, de merecer el honor de figurar en algún callejero.



Como tenemos que ignorar, obviamente, a los personajes imaginarios, el primero que veremos será el tercer soberano de Astuiras, Alfonso, hijo de pedro de Cantabria y yerno de don Pelayo, que reinó con el nombre de Alfonso I, “el católico”



Curiosamente el Google no encuentra ninguna calle dedicada a este monarca en Madrid, capital, aunque en la Comunidad hay una con ese nombre en Fresno de Torote.



Esa calle se encuentra en una colonia llamada Sarracines, un poco al norte de esa localidad, al lado de otras dedicadas a otros monarcas, como Ramiro I, Juan II, Jaime I, Pedro I, Alfonso V, Fernando “el católico” e Isabel “la Católica”. No encuentro ninguna relación que haya movido a los autores del callejero de esa localidad a escoger a esos reyes y no a otros. (ESO PUEDE SER OTRO MOTIVO PARA QUE ALGUIEN SE ANIME A HACER COMENTARIOS EN ESTE BLOG Y DEMOSTRAR QUE CONOCE COSS QUE YO IGNORO. ¡ANIMO!) Aunque al estar Jaime I, Pedro I, podría tratarse de Alfonso I, “el batallador”, rey de Aragón, en lugar del monarca asturiano.



En Oviedo tampoco encontramos ninguna calle dedicada al tercer rey asturiano, pero en Gijón han subsanado esta omisión. Desde la Av. Pablo Iglesias hasta la Av. de la costa encontramos una pequeña calle con el nombre de Alfonso I. Curiosamente, no se continúa en la de Hermesinda (su esposa), sino en la de Adosinda (que puede referirse a su cuñada o a su hija, ambas del mismo nombre y que ya estudiaremos)



Y en Cangas de Onís, tampoco encuentra el Google ninguna calle con este nombre. Curioso caso el de esta ciudad, primera capital del reino Asturiano, pero en la que no se encuentran, apenas, calles dedicadas a sus primeros monarcas.



En cuanto a la esposa de Alfonso, Hermesinda, a pesar de ser ella, como hija de Pelayo, la causante de que su esposo se sentase en el trono asturiano, no tiene calles dedicadas en ninguna de las ciudades estudiadas.

21 de mayo de 2012

CALLES DEDICADAS A MIS PROTAGONISTAS III.- Don Rodrigo, Witiza, Oppas.

Sin abandonar la primera de mis novelas ­ Pelayo, rey ­, nos encontramos con más personajes reales que tienen cierto protagonismo. En el bando de los “buenos”, aparte del padre del héroe, Favila, del que ya hemos hablado algo en la entrada anterior por coincidencia del nombre con el de su nieto, tenemos al último monarca godo, don Rodrigo.




En Madrid tenemos que acercarnos a la barriada situada entre General Ricardos y el parque de san Isidro, de la que ya hablamos en la entrada anterior, para encontrar la calle dedicada a este monarca. Arranca precisamente de la de Favila y llega a la de Recesvinto. Muy cerca se encuentra la de Witiza, del que hablaremos después, y tambien encontramos otra dedicada a Chindasvinto, citado en la novela aunque su época es algo anterior. No obstante, entre tanto rey godo, echamos de menos a Egica, el padre de Witiza.



En la Comunidad de Madrid, también encontramos calles dedicadas a este monarca en el Escorial y en San Martín de la Vega.



En Oviedo el Google no encuentra ninguna calle dedicada al último rey godo, ni tampoco en Gijón ni en Cangas de Onís.aunque hay “edificios don Rodrigo” en Siero y en Laviana.



Pasándonos al bando de los “malos”, ya hemos dicho que hay una calle dedicada al antecesor de don Rodrigo, Witiza, en Madrid, en una zona dedicada a recordar a muchos de los reyes godos; pero ni en Oviedo, Gijón ni Cangas de Onís hay ninguna calle que guarde memoria de este monarca, vil y taimado según la mayor parte de los cronistas (y así lo retrato en mi novela), pero generoso e inteligente según otros (generalmente mozárabes), porque ya se sabe que la Historia da la razón a unos u otros personajes según quienes sean los que la escriban. Quizá por eso, habría que buscar recuerdos de este rey godo en tierras dominadas durante más tiempo por los musulmanes. Y en efecto, encontramos una calle con su nombre en Dos Hermanas, cerca de Sevilla.



Claro que, para malvado, el hermano de Witiza, Oppas, obispo de Toledo o de Sevilla y prototipo del traidor (según los cronistas anteriores), que tampoco tiene ninguna calle que le recuerde, ni en Madrid, ni en Oviedo, Gijón o Cangas, ni tampoco en los territorios que permanecieron más tiempo en poder de los musulmanes, a los que, según la leyenda, ayudó. Aunque puede ser porque la existencia de este siniestro personaje de mi novela pertenece, quizá, más a la Leyenda que a la Historia.