Había prometido contar el trágico final de la dinastía que gobernó el Islam desde el año 661 hasta el 750. Voy a hacerlo intentando cumplir con la obligatoria brevedad de una entrada en un blog, a la vez que procuro ser lo suficientemente extenso como para que la curiosidad de mis lectores quede satisfecha.
En el año 750 el califa Merwan II (744 - 750) es derrocado y muerto, así como casi toda su familia. Únicamente Abderrahmán, hijo de Moawia y nieto del califa Hisham (724 - 743) consigue huir y continuar la dinastía a orillas del Guadalquivir, primero como emirato independiente y después como el esplendoroso califato cordobés. Pero para saber como se llegó a esta situación, tenemos que remontarnos a los inicios del Islam.
A la muerte de Mahoma, su primo y yerno, Alí, se creyó con derecho a sucederle; sin embargo los compañeros del profeta eligieron como califa (“Jalifat Rasul Allah”, sucesor del mensajero de Alá), primero a Abú Bacr, luego a Umar y por último a Uthman, (De la influyente familia Omeya, llamados así por el abuelo de Uthman , Ummaya ibn Abd Shams, a su vez sobrino de Hashim, bisabuelo del profeta, quien da nombre a los hachimies) siempre con la oposición de los seguidores de Alí, los “chiitas” (De” shi’at Alí” los partidarios de Alí). A la muerte de Uthman, al fin es elegido califa Alí, pero el gobernador de Siria, Muawiya, sobrino de Uthman, le acusa de haber inducido al asesinato de su predecesor y se rebela contra él, iniciando una guerra civil. Ambos ejércitos se encuentran frente a frente en Siffin, mas para evitar una lucha cruenta entre parientes, deciden someterse al arbitrio de un neutral, quien se decanta por Muawiya. Antes de esta decisión, una parte importante de los seguidores de Alí se niegan a lo que consideran una componenda y una traición a sus ideales y se retiran, formando desde entonces el grupo de los “jairiyíes”.
Alí, disgustado con la decisión, se retira a Kufa, en Irak, zona en la que sus seguidores son mayoría, pero es asesinado por los “jairiyíes”, que consideraban que había traicionado a sus partidarios. Le sucede como “imán” (o jefe espiritual) de los chiitas su hijo Hasan, y después de él, su hermano menor, Husayn (o Huseín), nieto, por lo tanto, de Mahoma.
A la muerte de Muawiya, Husayn se dirige a Damasco, reclamando el puesto de Califa, pero en Kerbala es interceptado por las tropas de su rival, Yazid, hijo de Muawiya, siendo asesinado cruelmente. Desde entonces y hasta nuestros días, en su aniversario y en su memoria, los chiitas celebran la más importante de sus conmemoraciones (Ashura).
Desde entonces los Omeyas gobiernan sin oposición, aunque tanto chiitas como jairichíes aguardan su momento. Cuando, como hemos visto en la entrada anterior, en el año 744, los hijos y sobrinos de Hisham comienzan a disputarse el poder, los descontentos con los Omeyas ven llegada su oportunidad y, al mando de Abú Muslim se rebelan contra la familia gobernante, ayudados por chiitas y jairiyíes. Cuando Abú Muslim derrota a Merwan, último de los Omeyas, se descubre que actuaba defendiendo los intereses de Abu al Abbas un descendiente de Abbas, tío abuelo de Mahoma (de ahí el nombnre de su familia, los abasidas), quien es proclamado Califa ante el disgusto de chiitas y jairiyíes, que se ven de nuevo postergados. Se gana el apodo de As Safah (el sanguinario) ordenando asesinar a todos los miembros de la familia de los Omeyas, ejecución de la que se salva Abderrahmán ibn Moawia, nieto de Hisham, huyendo a España.
El sucesor de As Saffah, su hermano, recibe el nombre de Al Mansur (el victorioso), aunque tampoco le hubiera ido mal el mismo sobrenombre de su antecesor, pues para asegurarse el trono, ordena asesinar a los miembros de su familia que podían reclamarlo, y al propio Abú Muslim, al que le debían el trono. Así queda constituido el califato abbasida, que traslada su capital a Bagdad.
Y me dirán mis lectores ¿Qué nos importa todo esto a los seguidores de una serie de novelas que narran la historia de la Reconquista hispana? Pues no mucho, en realidad, aunque sirvan para conocer mejor a Abderramán I, quien debido a estos sucesos, en vez de ser un personaje entre muchos de la corte de Damasco, es el fundador del emirato independiente de Al Andalus e interviene decisivamente en la historia de España.
Y también para conocer las disensiones internas del mundo musulmán que duran hasta nuestros días.
2 de diciembre de 2012
26 de noviembre de 2012
COMPLICACIONES EN LA ESTIRPE DE LOS REYES.
He tardado en entrar de nuevo en el blog. Por diversas razones no puedo dedicar a la actividad literaria tanto tiempo como quisiera y tampoco estoy avanzando lo que me gustaría, por lo que no tengo demasiadas cosas que contar.
Como anunciaba en la entrada anterior, he tenido que tomar una decisión, y, con sentimiento de frustración y sin estar seguro de hacer lo correcto, he vuelto a postergar a La Cruz de los Ángeles hasta que haya avanzado lo suficiente en La Estirpe de los Reyes como para comprobar que lo que escriba en esta última no esté en contradicción con lo narrado en aquella.
Pero este avance es tremendamente lento. Ya había avanzado que, escritos ya los capítulos correspondientes a la descendencia de Favila, al menos hasta enlazar con los primeros de “El Muladí”, cuando Alfonso I vuelve a Asturias con las cautivas musulmanas que tanta importancia van a tener en esa novela (Y en la Cruz de los Ángeles), me había centrado en la trama correspondiente a la (imaginaria) descendencia de Rodrigo, con Alarico y su hijo Teodoredo (nieto bastardo y no reconocido del último rey godo) llegando al Imperio Bizantino.
Mi primera idea era que esto ocurriese en el año 743, cuando el legítimo emperador, Constantino, depuesto por su cuñado Artabasdo, luchase para reconquistar su trono, labor en la que el griego Nicéforo y Alarico iban a ser determinantes. (Y así está ya esbozado y escrito). Además, como según estaban establecidas las edades, Teodoredo iba a ser, más o menos, contemporáneo de Abderrahmán I, iba a aprovechar la ocasión para que se conocieran (Pensaba posteriormente hacerles coincidir en España para tener ocasión de narrar la apasionante vida de Abderrahmán con más detalle que lo ya esbozado en El Muladí y en La Cruz de los Ángeles.)y, con esa intención, envié a Alarico como embajador de Constantino a pedir una tregua a los musulmanes en el año 744.
¡Y en qué momento lo hice! Desde hace más de un mes estoy intentando documentarme sobre el califato de Damasco en esa época. Acababa de fallecer Hisham I Abd al Malik, 10º califa de la familia Omeya, y le había sucedido su sobrino Walid II ibn Yazid, que iba a reinar solo unos meses, pues ese mismo año moriría, quizá envenenado, y su primo Yazid III ibn Walid, hijo del primogénito de Abd al Malik, ocuparía su lugar. Aunque también en ese año 744 muere, y le sucede su hermano Ibrahim ibn Walid, pero otro omeya, Merwan ibn Mohamed se subleva defendiendo los derechos de los hijos de Walid II, y cuando, por orden de Ibrahim, son asesinados, Merwan se proclama califa, cargo que ocuparía hasta ser derrocado y muerto por los Abbasidas (Pero esto es otra historia que dejaré para la próxima entrada).
Así que tengo que contar las intrigas de esos años, con unos gobernantes musulmanes con nombres que se prestan a la confusión. (El Hijo de Walid I se llamó Yazid y gobernó como Yazid III; el hijo de Yazid II tuvo el nombre de Walid, y gobernó como Walid II, además, todos conspiraron unos contra otros) No sé cómo hacer para que los lectores puedan entenderlo sin perderse. Realmente, antes tengo que conseguir entenderlo yo para redactar una trama coherente.
Y en eso estamos desde hace más de un mes.
Como anunciaba en la entrada anterior, he tenido que tomar una decisión, y, con sentimiento de frustración y sin estar seguro de hacer lo correcto, he vuelto a postergar a La Cruz de los Ángeles hasta que haya avanzado lo suficiente en La Estirpe de los Reyes como para comprobar que lo que escriba en esta última no esté en contradicción con lo narrado en aquella.
Pero este avance es tremendamente lento. Ya había avanzado que, escritos ya los capítulos correspondientes a la descendencia de Favila, al menos hasta enlazar con los primeros de “El Muladí”, cuando Alfonso I vuelve a Asturias con las cautivas musulmanas que tanta importancia van a tener en esa novela (Y en la Cruz de los Ángeles), me había centrado en la trama correspondiente a la (imaginaria) descendencia de Rodrigo, con Alarico y su hijo Teodoredo (nieto bastardo y no reconocido del último rey godo) llegando al Imperio Bizantino.
Mi primera idea era que esto ocurriese en el año 743, cuando el legítimo emperador, Constantino, depuesto por su cuñado Artabasdo, luchase para reconquistar su trono, labor en la que el griego Nicéforo y Alarico iban a ser determinantes. (Y así está ya esbozado y escrito). Además, como según estaban establecidas las edades, Teodoredo iba a ser, más o menos, contemporáneo de Abderrahmán I, iba a aprovechar la ocasión para que se conocieran (Pensaba posteriormente hacerles coincidir en España para tener ocasión de narrar la apasionante vida de Abderrahmán con más detalle que lo ya esbozado en El Muladí y en La Cruz de los Ángeles.)y, con esa intención, envié a Alarico como embajador de Constantino a pedir una tregua a los musulmanes en el año 744.
¡Y en qué momento lo hice! Desde hace más de un mes estoy intentando documentarme sobre el califato de Damasco en esa época. Acababa de fallecer Hisham I Abd al Malik, 10º califa de la familia Omeya, y le había sucedido su sobrino Walid II ibn Yazid, que iba a reinar solo unos meses, pues ese mismo año moriría, quizá envenenado, y su primo Yazid III ibn Walid, hijo del primogénito de Abd al Malik, ocuparía su lugar. Aunque también en ese año 744 muere, y le sucede su hermano Ibrahim ibn Walid, pero otro omeya, Merwan ibn Mohamed se subleva defendiendo los derechos de los hijos de Walid II, y cuando, por orden de Ibrahim, son asesinados, Merwan se proclama califa, cargo que ocuparía hasta ser derrocado y muerto por los Abbasidas (Pero esto es otra historia que dejaré para la próxima entrada).
Así que tengo que contar las intrigas de esos años, con unos gobernantes musulmanes con nombres que se prestan a la confusión. (El Hijo de Walid I se llamó Yazid y gobernó como Yazid III; el hijo de Yazid II tuvo el nombre de Walid, y gobernó como Walid II, además, todos conspiraron unos contra otros) No sé cómo hacer para que los lectores puedan entenderlo sin perderse. Realmente, antes tengo que conseguir entenderlo yo para redactar una trama coherente.
Y en eso estamos desde hace más de un mes.
10 de octubre de 2012
PROBLEMAS QUE SURJEN AL TRABAJAR EN LA CRUZ DE LOS ÁNGELES
Como
habíamos anunciado, he abandonado temporalmente LA ESTIRPE DE LOS REYES para
centrarme en la corrección ortotipográfica de LA
CRUZ DE LOS ÁNGELES. Y, como de costumbre,
comienzan las complicaciones.
Ya
en el primer capitulo, al describir los primeros años del reinado de Fruela I,
utilizo a unos personajes que tuvieron su importancia en la anterior novela EL
MULADÍ, aunque, en realidad, su primera aparición en mis páginas fue al final
del capítulo 20 de LA MURALLA ESMERALDA
: La musulmana Fátima, que al final de EL MULADÍ llega a ser la concubina del
rey Alfonso I, y su siervo y/o protector, Suleimán ibn Yusuf, que vive entre
los cristianos bajo la falsa identidad de un aparcero llamado Rufino. Como los
capítulos de la trama asturiana de LA ESTIRPE
DE LOS REYES transcurren a la vez que los últimos de EL
MULADÍ y los primeros de LA CRUZ DE LOS
ÁNGELES, hay personajes y situaciones de la estirpe que deberían verse
relacionadas, o, al menos, comentadas, en LA CRUZ
DE LOS ÁNGELES, lo que no es así porque dicha novela lleva ya
escrita más de diez años; mucho antes de que ni siquiera pensase en escribir la
actual.
Como
me urgía seguir con las correcciones, después de una breve revisión, decidí que
la trama de LA ESTIRPE
no influiría demasiado en la de LA
CRUZ y podría mantener el texto original de esta última. Pero
luego la cosa fue cambiando.
Ya
en el capítulo II de LA CRUZ DE LOS
ÁNGELES toma importancia la figura de Abderrahmán I, como rival del rey asturiano
Fruela. (Luego lo sería de sus sucesores, Aurelio, Silo, y Mauregato) Y este
gobernante musulmán, que fue el creador del emirato independiente que, a la postre, se convertiría en el
esplendoroso califato cordobés, tiene una historia importante y novelesca que
siempre había deseado tratar con más intensidad que lo relatado en esas
páginas. No sé si algún día podré relatar la apasionante vida de Abderrahmán
ibn Moawia, único de la familia Omeya que consiguió sobrevivir a la matanza
ordenada por sus rivales, los Abbasidas y que, tras un largo viaje, instauró
dicha dinastía en Al Andalus; pero ya en mi esquema de LA ESTIRPE DE LOS REYES,
Teodoredo, el hijo de Alarico que iba a tomar el protagonismo en los siguientes
capítulos, estaba previsto que se encontrase con Abderrahmán en Siria, cuando
todavía era un miembro de la familia que ostentaba el califato; que compartiese
con él algunas aventuras y que, en fin, le acompañase en su viaje hasta
Hispania; una vez allí ya encontraría la manera (aún no está decidido cómo) de
que pasase a Asturias para entroncar con la parte de la trama correspondiente a
los descendientes de Favila. Naturalmente no sería lógico que esto no se viese
reflejado en los capítulos de LA CRUZ DE LOS
ÁNGELES que tratan de los hechos de Abderrahmán I. Pero como todavía no sé (ni
lo sabré hasta que lo escriba) qué va a pasar entre Teodoredo y Abderrahmán en LA ESTIRPE DE LOS REYES, no puedo
rectificar adecuadamente los capítulos
correspondientes de LA CRUZ DE LOS
ÁNGELES.
Ante
esto tengo dos opciones: Postergar la corrección de LA
CRUZ DE LOS ÁNGELES (y, por tanto, su
edición, algo doloroso para una novela que lleva esperando diez años a ver la
luz, y que considero la más importante de las mías después de PELAYO, REY), o
hacer lo que pensaba y ya he explicado respecto a la trama asturiana; que lo que
escriba en LA ESTIRPE DE
LOS REYES no sea tan importante, históricamente, como para que tuviera que
verse reflejado en LA CRUZ DE LOS
ÁNGELES. (Lo que rebajaría el nivel de aquella novela)
Ambas
opciones me repelen, pero una de las dos tengo que tomar, y dudo, dudo, y dudo.
Si alguno de los lectores del blog tiene alguna sugerencia que hacerme, la agradeceré.
3 de octubre de 2012
ESTADO ACTUAL DE “LA ESTIRPE DE LOS REYES”
Mucho tiempo sin escribir nada por aquí. Como en todos los
principios de curso, hay que dedicar los
minutos y las energías a la dura tarea de conseguir que todo comience a rodar
de nuevo. Ahora que parece que, al fin, las cosas comienzan a estar en marcha,
puedo pensar un poco en mis novelas. Tengo que poner manos a la obra en la
corrección ortotipográfica de “LA CRUZ DE LOS
ÁNGELES”, si es que quiero que se edite este invierno; (Y es el momento de
repetir que, para esa tarea, no estoy especialmente bien dotado) así que habrá
que postergar un tiempo el trabajo en “LA ESTIRPE
DE LOS REYES”. Pero como había anunciado que iba a tener a
mis lectores al tanto de la evolución de dicha novela, voy a contar en que
estado está en este momento en que va a “pasar a la reserva”, y en entradas
posteriores aprovecharé mi trabajo con “LA CRUZ
DE LOS ÁNGELES” para ir contando también algo de esa novela,
escrita en segundo lugar, hace ya más de diez años.
Vayamos, pues, con “LA ESTIRPE …”. Como habíamos dicho, se trata de un
intento (puramente novelesco e imaginario) de entroncar los descendientes de
don Rodrigo y de don Pelayo con la dinastía asturleonesa originada en Bermudo
I, “el diácono” (paradojas de la historia), nieto, a lo que parece, de Pedro,
duque visigodo de Cantabria.
En un principio (Y no es seguro que, al final, se mantenga
así) existirán dos tramas en capítulos alternos.
En la primera, Alarico, que como recordarán los que hayan
leído “LA MURALLA ESMERALDA ”,
abandona todo para ir en busca de su amada Florinda (hija imaginaria del rey
Rodrigo y de Florinda, “la cava”), y que, como se desvela brevemente en “EL
MULADÍ”, se ha quedado viudo y continúa viviendo en Ceuta con su hijo
Teodoredo, tras ser testigo de la llegada a esa ciudad de las tropas de Balch
(narrada más extensamente en la novela citada) y de verse inmerso en las luchas
entre árabes y bereberes (que forman la parte principal de la misma), se
encuentra con Nicéforo (el capitán de una veloz galera bizantina, que ya había
compartido aventuras con él en dicha novela) y se embarca rumbo a
Constantinopla, dispuesto a tomar parte en las guerras e intrigas que tienen lugar en el Imperio Bizantino tras
la muerte de León III. Y hasta aquí hemos llegado. Bien el propio Alarico, bien
su hijo Teodoredo, ya de mayor, tendrán que volver a la península para cumplir
su destino (el que yo les he fijado); pero de momento lo tienen bastante
complicado, y tendrán que pasar varios años (y capítulos) para que lo consigan.
En la segunda, que tendrá lugar en Asturias, tras la muerte,
en una cacería y debido a una imprudencia ya relatada en “EL MULADÍ”, del hijo
de Pelayo, Favila, el trono recaerá en el esposo de su hija Hermesinda, Alfonso
de Cantabria, hijo del duque Pedro y descendiente, según las leyendas, y, al
igual que don Pelayo, del rey godo Chindasvinto. (aunque esto lo afirmaron los
cronistas muchos años después).
Pero Favila ha dejado viuda e hija, que, en bien de la
estabilidad del reino, deberán ser apartadas de la vida de la corte (en
realidad no se vuelve a saber de ellas en documentos de cierta veracidad), pero
que para que la trama de la novela se haga realidad y la estirpe de Pelayo no
se acabe con Alfonso II, “el casto”, tendrán que reaparecer en algún momento.
Momento al que aún no he llegado, aunque la novela discurre en estos momentos
por tiempos ya narrados en “El MULADÍ”, pero que ahora se describen desde el
punto de vista de otros protagonistas; mientras se espera la llegada de algún
personaje desconocido (las leyendas hablan de un cierto Luitfred III de
Suevonia, ciertamente imaginario) que hará su aparición en próximos capítulos.
Hasta aquí lo escrito. Ambas tramas se encontrarán (o no)
hacia el final de la novela, salvo que decida convertirla en dos separadas,
aunque con algunos puntos de contacto.
30 de agosto de 2012
CRONOLOGÍA DE LAS PRIMERAS NOVELAS
Antes de
explicar un poco de qué va la novela en la que estoy trabajando en estos
momentos (LA ESTIRPE DE
LOS REYES), vamos a fijar las fechas en que ocurren los hechos que relato en
mis primeras novelas, para que los lectores no se pierdan demasiado.
La primera:
PELAYO, REY, comienza en el año 700 (aproximadamente), con un Pelayo
adolescente, hijo del conde de Lucus Asturum, que recibe la noticia de la
muerte de su padre a manos de Witiza, duque de Gallaecia e hijo y heredero del
rey Egica. La novela sigue la vida de Pelayo, como fugitivo primero, como
espatario de su pariente, el rey Rodrigo, después, y como caudillo de la
rebelión contra los musulmanes, hasta su proclamación como primer rey de
Asturias, en el año 722.
La segunda,
LA MURALLA ESMERALDA ,
comienza unos años después de dicho 722, y narra la vida en Asturias (de la que
nada nos dicen las crónicas) durante la madurez de Pelayo y la adolescencia de
sus hijos, Favila y Hermesinda, los del duque de Cantabria, Alfonso y Fruela y
otros jóvenes nobles que, bajo la tutela del héroe, se preparan para, cuando
llegue su momento, tomar su lugar. Hay otra trama con algunos de estos
protagonistas viajando por las tierras dominadas por los musulmanes, lo que se
aprovecha para narrar las luchas internas de estos, de las que hay abundante
documentación en las crónicas árabes. Ambas tramas coinciden en un final al que
se llega con la muerte de Pelayo, en el año 737
La tercera,
EL MULADÍ, comienza con la muerte de Favila en el año 739 (Hay un hueco de dos
años, los del reinado de Favila, que quizá rellene algún día), y, aunque la
trama principal es la que narra la vida de un joven Muladí, aprovechando la
gran cantidad de datos que hay en las crónicas árabes sobre las luchas de sus
diferentes tribus entre sí, y las de ellos con los bereberes, que ocupan los
períodos de gobierno de Ocba, Abd al Malic, Balch, Thalaaba, AbúlKhattar, Towaba y Yusuf. También
hay otra trama que transcurre en el reino de Asturias durante el reinado de
Alfonso I. Como en la novela anterior, ambas tramas se juntan en el fin de la
historia, en el 755, dos años antes de la muerte de Alfonso I, en 757.
La cuarta, LA
CRUZ DE LOS ÁNGELES, comienza en 757, primeros años del reinado de Fruela I. En la primera
parte se narra la agitada vida de este rey. En la segunda la de sus sucesores
Aurelio, Silo, Mauregato, y Bermudo I. Y en la tercera se describe una parte
del largo reinado de Alfonso II, con la creación de la joya que le da título, hasta
la última aceifa importante de los musulmanes, con la batalla del río Orón, que
dio origen a la leyenda de la de Clavijo, en al año 812. A la vez se dan
noticias sobre lo que ocurre en los territorios musulmanes, durante el gobierno
de Abderrahmán I, Hixem I, y parte del de Al Hakam I.
Y ahora
comienzan las complicaciones: La quinta (quizá), la citada LA ESTIRPE DE LOS REYES, comenzará
en Ceuta, en el año 736 (antes de la muerte de Pelayo y del fin de LA MURALLA ESMERALDA ,
con una breve referencia a esta última), seguirá con una trama en Ceuta,
primero, durante la dominación de Balch, en el Imperio Bizantino, bajo
Constantino V, y en Al Andalus con Abderrahmán I, todo esto coincidiendo en el
tiempo (y en algunas referencias) con EL MULADI y el principio de LA
CRUZ DE LOS ÁNGELES. Habrá otra trama en
Asturias, con la muerte de Favila y el reinado de Alfonso I, coincidiendo en
tiempo y en bastantes escenarios y personajes con EL MULADÍ. Y luego, quizá
(pues aún la estoy desarrollando), ambas tramas se juntarán en Asturias y
continuarán durante el reinado de Fruela I, Aurelio, Silo, Mauregato y Bermudo
I. Incluso hay una posibilidad de que se prolongue (bien como una sola novela,
o como dos separadas, aunque interrelacionadas) hasta los últimos años de
Alfonso II (desde el 812, en que termina LA CRUZ
DE LOS ÁNGELES, hasta el 842, que comienza el de Ramiro I,
época esta que no he relatado en la posible sexta novela, ya escrita LA
CRUZ DE VICTORIA que comienza en dicho 842). ¿En qué lugar de la saga la
colocaré? Para decidirlo, primero tendré que acabarla. ¿O sería mejor al revés?
27 de agosto de 2012
SE ACABA EL VERANO
Bien, el verano, que es cuando más tiempo tengo para
escribir, llega a su fin, y es el momento de hacer una pausa y comprobar si he
cumplido las expectativas que me había propuesto.
Con “Pelayo, rey”, “La Muralla esmeralda” y “El Muladí” ya publicadas,
le tocaba el turno a “La Cruz
de los Ángeles”, que lleva esperando más de diez años (la escribí a
continuación de Pelayo, rey) y que espero pueda ver la luz en el otoño de 2012,
o en primavera de 2013. Por lo que una de mis tareas sería dedicarme a la
corrección definitiva de esa novela.
Por otro lado, estaba trabajando en “La Estirpe de los reyes” (En
entradas anteriores he explicado el cómo y el por qué de esta novela), cuya
trama comienza cuando llega a su final “La Muralla Esmeralda ”,
continúa a la vez que “El Muladí” y sigue en los años narrados en “La Cruz de los Ángeles” (Aún no
sé si terminará en la mitad de esta novela, o se prolongará ocupando los
últimos años del reinado de Alfonso II, que no se describen en ella). Esta
coincidencia me causó bastantes problemas, pues lo escrito en “La Muralla esmeralda” y “El
Muladí” que afectaba a “La
Estirpe de los reyes” ya no se podía cambiar. Así que pensé
postergar la corrección y redacción definitiva de “La Cruz de los Ángeles” hasta
concluir la que estaba escribiendo ahora, por si tenía que hacer algún cambio.
No obstante, “La
Estirpe de los reyes” no ha avanzado tan rápido como yo
pensaba, bien porque yo he ido más lento de lo previsto, bien porque a medida
que se desarrollaba la trama, surgían nuevos caminos que la alargaban y
complicaban, o posibilidades que había que desarrollar. Tanto así, que mi
primitiva duda sobre hacer una sola novela o dos con tramas paralelas, ha
vuelto a tomar fuerza.
Sea como sea, “La
Cruz de los Ángeles” saldrá durante el curso 2012-2013, tanto si he acabado “La Estirpe de los reyes” como
si no. Y como me estoy alargando demasiado (también en esta entrada del blog),
dejo la información (lo que pueda decirse sin desvelar del todo la trama) sobre
esta novela para la próxima entrada.
26 de julio de 2012
La estirpe de los reyes 1
Ayer fue el 25 de julio, día del
Apóstol Santiago.
Todos los años por esta fecha
publico en el blog cómo van mis trabajos literarios del verano, y no voy a
hacer una excepción.
Como de costumbre, el tiempo no
me ha cundido tanto como yo esperaba. Pero tampoco me puedo quejar mucho. “La
estirpe de los reyes" va tomando forma. Los capítulos dedicados a Alarico (para
satisfacer la demanda de Mariano Vilella), que ya estaban esbozados, han tomado
su redacción casi definitiva. Puedo decir que ha salido de Ceuta, aunque sin
revelar su destino para que quien lo quiera saber tenga que leer la novela, y
ya está preparado para entregar el relevo como protagonista de las aventuras a
su hijo, al que he llamado Teodoredo.
Por otro lado, los capítulos
dedicados a la descendencia de Favila, en Asturias, de los que casi nada había
hecho, ya tienen una redacción coherente y esperan la aparición en ellos (para
contentar a Luz), de los protagonistas de “el Muladí”, Abdul y Jimena.
Con esto, lo que espero ocurra en
estos días, la primera parte de la novela queda casi terminada.
Ahora me quedan las dudas de si
seguir con ella, o antes revisar “La
Cruz de los Ángeles”, que tiene prevista su publicación para
el próximo curso, para adaptarla a lo que pase en “La estirpe” en los años en
que ambas novelas coexisten a la vez.
Pero eso ya lo decidiré en su
momento.
Buen verano a todos mis lectores.
10 de julio de 2012
EL MULADÍ 6.- Para un futuro.
Pues sí, ya hay alguien que se ha
leído la novela completa.
Mi buena amiga y compañera de
teatro Luz Morales ha sido la primera en terminar la novela (al menos que yo
tenga noticia) y me plantea una cuestión inesperada: “¡Oye! ¿Y qué pasa con
Abdul y Jimena? A ver si publicas pronto “La Cruz de los Ángeles para enterarme.” Y me quedé
estupefacto, pues estos personajes ya han cumplido su misión y no aparecen en
dicha novela.
Hace unos meses Mariano Vilella
me planteó algo similar referente a “La Muralla esmeralda” : “¿Y qué pasa con Alarico y
Florinda?” y yo me quedé sorprendido. Alarico no era el protagonista principal
de esa novela; realmente, cuando comencé a esbozarla, ni siquiera entraba en
los planes originales (Es un personaje imaginario), aunque sí es cierto que
luego, según la fui desarrollando, adquirió más importancia y ocupó un buen
número de capítulos. Como pensé que se merecía un premio, hice que se enamorase
de Florinda (Otro personaje imaginario, hija ficticia de Florinda “La cava” y
del rey Rodrigo), que esta le correspondiese, y que, después de mil
vicisitudes, llegase de nuevo a Ceuta al lado de su amor, abandonando la trama
principal de la novela. Con esto creí que concluía con esos personajes y que el
“Y fueron felices para siempre” se sobreentendía. Como al parecer no fue así,
comencé una nueva novela que no tendría un lugar correlativo en la serie, sino
que transcurriría a la vez que “El Muladí” y “La Cruz de los Ángeles”,
paralelamente a estas, y narraría los sucesos en que tomasen parte estos
personajes, y también los descendientes (También imaginarios) del hijo de
Pelayo, Favila, muerto al principio de “El Muladí”. El título, provisional, de
esta novela, será “La estirpe de los reyes” y ya con ello doy pistas sobre su
trama.
La novela tiene hecho, por el
momento, el esquema y varios de los capítulos correspondientes a Alarico. Como,
según se desprende de la observación de Luz, los lectores esperan algo más de
Abdul y Jimena, he decidido que aparezcan y tengan importancia en los dedicados
a la hija de Favila, Favinia, (Cuya existencia real no está contrastada) y a su
imaginaria descendencia.
Así que a eso me dedicaré,
literariamente, este verano. Y a reescribir aquellos capítulos de “La Cruz de los Ángeles” que se
vean afectados por esta nueva novela.
21 de junio de 2012
El Muladi 5.- Erratas.
Cuando un libro pasa definitivamente, de la mente del autor,
a estar a disposición de los lectores como páginas escritas, siempre hay algo
que, en la edición impresa, no se corresponde con lo que el autor tenía, bien
en su mente, bien en los primeros borradores, bien en el entregado al editor,
bien en los definitivos revisados por los correctores, o bien en las galeradas
proporcionadas por la imprenta. Estas erratas, abundantes e inevitables, suelen
atribuirse a los famosos “duendes de imprenta”. En mi primera novela, “Pelayo,
rey” hay algunas de menor importancia (ortográficas o tipográficas, de las que
no soy responsable) y otra referente al texto, de la que tampoco me considero
culpable, pues no estaba en el borrador entregado, pero que, después de tres
ediciones, no he conseguido subsanar. Curiosamente, aunque ya he dado alguna
pista en este blog, hasta ahora no ha sido encontrada por ningún lector (o, al
menos, no tengo conocimiento de ello)
Las dos siguientes novelas, “La muralla esmeralda” y “El
Muladí” también adolecen de una errata de texto cada una, y de esas vamos a
hablar. Son responsabilidad únicamente mía (aunque las ortográficas de ambas e,
incluso, las tipográficas que pueda haber en “El Muladí” también se me pueden atribuir,
porque me encargué personalmente d ela corrección de ambas, tarea para la que
no estoy, en absoluto, preparado.)
En” La Muralla esmeralda”, el sacerdote Isidoro recibe, en
dos ocasiones, el nombre de Ildefonso. Así lo había llamado en el primer borrador,
pero luego, al comprobar que ese nombre era, en realidad y en esa época, el
mismo que el de “Alfonso”, monarca protagonista de ambas, decidí cambiarlo.
Esas dos ocasiones citadas se escaparon incomprensiblemente al programa de
ordenador que lo cambiaba, pero en este caso sí que fueron advertidas por una
de mis lectoras.
En “El Muladí”, que es el libro que nos ocupa, me inventé un
hermano del emir Ocba ibn Haddjjad, que iba a ser el patrón de Abdul, el muladí
protagonista de la historia. Esta novela fue la tercera que escribí, después de
“Pelayo, rey” y “La Cruz de los Ángeles”, y estaba pendiente de su publicación;
cuando escribí “La Muralla esmeralda”, en sus últimas páginas aparecían algunos
de los personajes de “El Muladí” y me di cuenta de que el nombre escogido para
este jeque árabe no me gustaba, así que lo cambié por el de “Mohallabad”. Pero
“Mohallabad” ya lo había usado para un caudillo bereber, al que tuve que
rebautizar “Abdallah”; Entre tanto cambio y tanto nombre, uno se me escapó y hay
una errata, pero no digo donde para que si alguien se aburre leyéndola, al
menos tenga la curiosidad de encontrarla.
19 de junio de 2012
El Muladi 4.- Complicaciones
Nos habíamos quedado en que mi novela trataría de las aventuras de un muladí inventado, que transcurrirían durante el reinado de Alfonso I (Y los emires cordobeses contemporáneos), con una trama que tendría lugar en los territorios dominados por los musulmanes (para poder incluir la gran cantidad de información existente sobre esos territorios en esos años) y otra trama en Asturias, incluyendo algunos de los personajes que ya habían aparecido (aunque mis lectores no los conocieran aún) en La Cruz de los Ángeles), para dar continuidad a la novela como parte de la saga.
No fue difícil esbozar ambas tramas, aunque pronto surgieron complicaciones, debidas a que “La Cruz de los Ángeles” ya estaba escrita y “El Muladí” aún no.
La principal fue una circunstancia (No puedo decirla sin revelar la trama) que, sin ninguna justificación histórica, condicionaba gran parte de lo narrado en La Cruz de los Ángeles” y que tenía que tener su correspondencia en “El Muladí”, pero sin que los lectores se diesen cuenta de ello, pues era un secreto. Creo que lo conseguí bastante bien.
Otra, y no menos importante, aunque me diese cuenta mucho después, se refería a las edades de los protagonistas, concretamente del conde Rodulfo. Cuando escribí “La Cruz de los Ángeles” ya había entregado “Pelayo, rey” a la editorial, con lo cual no me preocupaba de ella. Así que al esbozar la trama de “El muladí” y pensar en utilizar a ese personaje, me fijé en que, en “La Cruz de los Ángeles” hacía que fuera el padre, ya fallecido, del rey Silo (Casi nada se sabe de ese monarca, así que podía inventarme lo que quisiera) y le imaginé (y así le describí en las primeras páginas del borrador de “El Muladí”) como un hombre ya maduro, en contraposición a los más jóvenes Alfonso I y Fruela “el Mayor”; y así encajó muy bien en la trama. Pero cuando escribí la “Muralla esmeralda”, cuyos hechos ocurrían antes que los de “El Muladí”, ya escrita pero aún no publicada, repasé “Pelayo, rey” y me di cuenta de que, mientras los hijos de Pelayo, Favila y Hermesinda, y los ya citados Alfonso I y Fruela, aparecían en sus últimas páginas, aunque aún muy pequeños, no se nombraba a los de Julián: Rodulfo e Isidoro; posiblemente porque aún, (en el desarrollo imaginario de la trama, pues son personajes de ficción) no hubieran nacido; aunque no lo decía expresamente lo que me permitía recurrir a diferentes interpretaciones.
Como mi concepto de “La Muralla esmeralda” era la de contar las aventuras de un grupo de jóvenes que, bajo la tutela de Pelayo, van preparándose para asumir sus responsabilidades, con hacer a Rodulfo e Isidoro un par de años menores que los otros arreglaba el tema; pero eso era incompatible con lo descrito en “El Muladí”. Decidí, pues, publicar “La Muralla esmeralda” como había pensado y cambiar algo “El Muladí” que aún no se iba a editar. Y con unas pequeñas correcciones del tipo de: “… con una sensatez impropia de sus años…” en vez de “… con la sensatez que correspondía a su avanzada edad…” que era la redacción original, y otras por el estilo, creí salir del paso airosamente. Una vez publicado “El Muladí” y leyéndolo atentamente (¡Qué diferente es leer unas páginas de papel impreso que la pantalla de un ordenador!) me di cuenta de que hay ciertos pasajes en que, aunque no se diga expresamente, la impresión es que algo no encaja. ¿Se darán cuenta mis lectores?
También hay otra complicación relativa al segundo hijo de Julián, hermano, por tanto, de Rodulfo: Isidoro. La primera vez que aparece en mis páginas fue en “La Cruz de los Ángeles”, novela en la que aparecía como un sacerdote, tío de Silo y confesor del rey (lo que le hacía conocedor de ciertas cosas que iban a tener importancia posterior). Al escribir “El Muladí” tuve que utilizarlo. Pero cuando, tiempo después, me puse con “La Muralla esmeralda”, me pareció un personaje interesante, describí su vocación religiosa y, siguiendo el curso natural de los acontecimientos, le hice obispo. ¡Pero en los dos libros posteriores sigue siendo un simple sacerdote! Lo de “El Muladí” no tiene arreglo, aunque no sé si algún lector se dará cuenta; pero intentaré cambiar lo imprescindible de “La Cruz de los Ángeles” antes de su publicación. (Previsiblemente, el próximo otoño)
Respecto a este personaje hay otra circunstancia, pero como entra mejor en la categoría de errata, de la que hablaremos en la próxima entrada, lo dejamos para entonces.
No fue difícil esbozar ambas tramas, aunque pronto surgieron complicaciones, debidas a que “La Cruz de los Ángeles” ya estaba escrita y “El Muladí” aún no.
La principal fue una circunstancia (No puedo decirla sin revelar la trama) que, sin ninguna justificación histórica, condicionaba gran parte de lo narrado en La Cruz de los Ángeles” y que tenía que tener su correspondencia en “El Muladí”, pero sin que los lectores se diesen cuenta de ello, pues era un secreto. Creo que lo conseguí bastante bien.
Otra, y no menos importante, aunque me diese cuenta mucho después, se refería a las edades de los protagonistas, concretamente del conde Rodulfo. Cuando escribí “La Cruz de los Ángeles” ya había entregado “Pelayo, rey” a la editorial, con lo cual no me preocupaba de ella. Así que al esbozar la trama de “El muladí” y pensar en utilizar a ese personaje, me fijé en que, en “La Cruz de los Ángeles” hacía que fuera el padre, ya fallecido, del rey Silo (Casi nada se sabe de ese monarca, así que podía inventarme lo que quisiera) y le imaginé (y así le describí en las primeras páginas del borrador de “El Muladí”) como un hombre ya maduro, en contraposición a los más jóvenes Alfonso I y Fruela “el Mayor”; y así encajó muy bien en la trama. Pero cuando escribí la “Muralla esmeralda”, cuyos hechos ocurrían antes que los de “El Muladí”, ya escrita pero aún no publicada, repasé “Pelayo, rey” y me di cuenta de que, mientras los hijos de Pelayo, Favila y Hermesinda, y los ya citados Alfonso I y Fruela, aparecían en sus últimas páginas, aunque aún muy pequeños, no se nombraba a los de Julián: Rodulfo e Isidoro; posiblemente porque aún, (en el desarrollo imaginario de la trama, pues son personajes de ficción) no hubieran nacido; aunque no lo decía expresamente lo que me permitía recurrir a diferentes interpretaciones.
Como mi concepto de “La Muralla esmeralda” era la de contar las aventuras de un grupo de jóvenes que, bajo la tutela de Pelayo, van preparándose para asumir sus responsabilidades, con hacer a Rodulfo e Isidoro un par de años menores que los otros arreglaba el tema; pero eso era incompatible con lo descrito en “El Muladí”. Decidí, pues, publicar “La Muralla esmeralda” como había pensado y cambiar algo “El Muladí” que aún no se iba a editar. Y con unas pequeñas correcciones del tipo de: “… con una sensatez impropia de sus años…” en vez de “… con la sensatez que correspondía a su avanzada edad…” que era la redacción original, y otras por el estilo, creí salir del paso airosamente. Una vez publicado “El Muladí” y leyéndolo atentamente (¡Qué diferente es leer unas páginas de papel impreso que la pantalla de un ordenador!) me di cuenta de que hay ciertos pasajes en que, aunque no se diga expresamente, la impresión es que algo no encaja. ¿Se darán cuenta mis lectores?
También hay otra complicación relativa al segundo hijo de Julián, hermano, por tanto, de Rodulfo: Isidoro. La primera vez que aparece en mis páginas fue en “La Cruz de los Ángeles”, novela en la que aparecía como un sacerdote, tío de Silo y confesor del rey (lo que le hacía conocedor de ciertas cosas que iban a tener importancia posterior). Al escribir “El Muladí” tuve que utilizarlo. Pero cuando, tiempo después, me puse con “La Muralla esmeralda”, me pareció un personaje interesante, describí su vocación religiosa y, siguiendo el curso natural de los acontecimientos, le hice obispo. ¡Pero en los dos libros posteriores sigue siendo un simple sacerdote! Lo de “El Muladí” no tiene arreglo, aunque no sé si algún lector se dará cuenta; pero intentaré cambiar lo imprescindible de “La Cruz de los Ángeles” antes de su publicación. (Previsiblemente, el próximo otoño)
Respecto a este personaje hay otra circunstancia, pero como entra mejor en la categoría de errata, de la que hablaremos en la próxima entrada, lo dejamos para entonces.
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